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La economía en máximos y la recaudación en mínimos

La economía en máximos y la recaudación en mínimos
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El EMAE en máximos y la recaudación en mínimos no son datos contradictorios: son la misma historia contada desde dos ángulos. La economía crece, pero no los sectores que más pesan para el fisco. Y eso le pone un límite concreto a la baja de impuestos en 2026.

El Indec informó ayer que el EMAE de enero alcanzó su nivel histórico más alto. La producción de bienes y servicios nunca fue tan alta como en este arranque de año. Sin embargo, las cuentas públicas cuentan otra historia: la recaudación nacional cae hace siete meses consecutivos y en el primer bimestre de 2026 se recaudó el nivel real más bajo desde 2009 (similar a 2024).

La explicación oficial es conocida: bajaron las retenciones, se eliminó el Impuesto PAIS y se redujeron aranceles a las importaciones. Es cierto, pero la lectura es incompleta. También caen IVA DGI, Seguridad Social e Impuesto al Cheque, tributos a los que no se les tocó la alícuota. Como estos impuestos reflejan consumo, empleo formal y transacciones bancarias, su caída revela que los sectores que los generan —comercio, industria, construcción— están más débiles que el índice agregado. Dicho de otro modo: la economía que mide el EMAE y la economía que tributa no tienen iguales motores.

Esta brecha tiene consecuencias fiscales concretas. El superávit fiscal primario acumulado en enero y febrero de 2026 fue -5% menor al de 2025 y -41% al de 2024 en términos reales. Sin embargo, si eliminamos el ingreso extraordinario por la privatización de centrales hidroeléctricas, la caída pasa a -27% vs 2025 y -54% vs 2024. El ancla fiscal no se rompió, pero dejó de ser holgada.

¿Cómo sostener el ancla? El gasto público no tiene mucho más margen de recorte. Jubilaciones y AUH están indexadas. Las partidas discrecionales ya fueron recortadas hasta el hueso: obra pública, subsidios, transferencias a provincias y gastos de funcionamiento pasaron de representar el 8% del PBI en 2023 al 4% en 2025, mínimo histórico.

En este contexto, no solo se postergan nuevas bajas de impuestos, sino que sostener el equilibrio fiscal en 2026 depende cada vez más de sacar conejos de la galera, como la venta de AySA o Intercargo. Sin embargo, para tomar dimensión de las magnitudes: la venta de AySA no alcanza a financiar ni un mes de recaudación del Impuesto al Cheque. 

Para que la economía que más aporta al fisco recupere terreno, la política monetaria tiene que soltar el freno de mano. El Gobierno parece haber tomado nota: las últimas medidas — baja de encajes, tasas estables, compras del BCRA — van en esa dirección. El capítulo del ajuste fiscal por el lado del gasto llegó a su límite estructural. El desafío de 2026 ya no es cómo seguir recortando, sino cómo lograr que la economía que tributa empiece a traccionar para darle solidez al superávit.

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