El dilema de la demanda de dinero

El argentino vive nervioso con los pesos. Ya vivió tantos exabruptos monetarios que está a un click de comprar dólares y tal vez perder rendimiento, pero dormir en paz.
- 💡 El rechazo al peso nace de ciclos de emisión monetaria sostenidos y gasto público desbordado, que provocan inflación y pérdida de valor frente a dólares y bienes.
- 🏗️ El modelo busca regular todo: paritarias, costos de importaciones con un tipo de cambio oficial artificialmente bajo y tarifas de servicios; la esterilización neutraliza parte de la emisión pero con costo en inflación futura.
- 💸 Este exceso de emisión reduce la demanda de pesos: la gente prefiere bienes más caros mañana o dólares caros, con brechas frente al tipo de cambio oficial que pueden superar el 100% ydrenan reservas.
- 🛑 La contrapartida de emitir pesos es entregar dólares o enfrentar una espiral devaluatoria/hiperinflacionaria.
- 🇦🇷 A Argentina no le faltan dólares en el sector privado; al Estado sí le faltan. El sector privado los tiene en colchones, bancos y el exterior, como defensa frente a déficits fiscales crónicos.
- 🧠 Cada ciclo de emisión y devaluación genera años de estrés y desconfianza; la demanda de pesos tiende a cero y los inversores exigen tasas reales muy altas para mantener posiciones en pesos.
- 🛡️ Los gobiernos macroprudenciales actúan para contener el costo de desactivar explosiones de deuda del Tesoro, Banco Central y desequilibrios, pero eso implica sacrificios y límites al populismo.
- ⚖️ Tras la estabilización viene la desregulación: pasar de control a incentivos expone al país a shocks y requiere reservas que rara vez están disponibles; para permanecer en pesos se necesita una tasa de interés real superior a la devaluación esperada.
- 🗣️ Hay dos escenarios para evitar un desastre: (1) contar con reservas suficientes para enfrentar expectativas devaluatorias, o (2) lograr un pacto fiscal que detenga la emisión excesiva (una reforma de la Carta Orgánica del BCRA podría ayudar, pero la Ley no basta).
- 🗳️ En última instancia, la decisión final la tendrá el electorado, y la estabilidad dependerá de credibilidad fiscal, monetaria y de la voluntad política para no regresar al populismo.
El rechazo del argentino por el peso tiene origen en ciclos de emisión monetaria sostenidos, donde el peso ha perdido valor contra monedas y bienes. El gasto público desenfrenado y el consecuente déficit fiscal han derivado en estos ciclos de emisión de pesos y de deuda en pesos, combustibles de inflación inmediata e inflación futura. El peso toma forma de papa caliente y la demanda de dinero se desploma. Los gobiernos populistas, faltos de imaginación macro, controlan que este fenómeno no se traduzca en una espiral hiperinflacionaria mediante cepos cambiarios y controles de precios. Los libros a la basura.
Con este tipo de "modelo", la gestión del equilibrio de oferta y demanda de dinero consiste en regular y limitar todo lo que se pueda: paritarias, costo de productos importados (mediante un tipo de cambio oficial artificialmente bajo) y tarifas de servicios públicos. El exceso de emisión se neutraliza parcialmente mediante esterilización, cuyo costo no es otra cosa que emisión o inflación futura. Es en estos perÃodos que se gesta un fuerte rechazo por el Peso. Los agentes económicos optan por consumir bienes que estarán más caros mañana o hasta dólares caros, con brechas que superan el 100% sobre el tipo de cambio oficial. Se drenan las reservas del Banco Central por la fiebre del dólar y colapsa el sistema. La contrapartida de emitir pesos es tener que entregar dólares o sucumbir ante una espiral devaluatoria/hiperinflacionaria.
Es importante entender que a la Argentina no le faltan dólares. Al Estado argentino le faltan dólares. El sector privado tiene dólares en el colchón, en los bancos y en el exterior. Son la defensa contra 70 años de déficit fiscal y su hijo, la emisión monetaria desenfrenada.
Cada ciclo de emisión y devaluación se traduce en años de stress postraumático. La demanda de pesos tiende a cero por un largo perÃodo, con los inversores pidiendo tasas reales siderales para mantener sus posiciones en Pesos. Cuando el modelo gastador se agota, surgen los gobiernos macroprudenciales, el escuadrón antibombas que paga los costos de desactivar potenciales explosiones generadas por un Tesoro endeudado, un Banco Central quebrado, sin moneda y un desequilibrio de precios relativos que toma años en corregir. El buen alumno no solo tiene que pasar todo su mandato consumiendo escasos recursos para arreglar los problemas, sino que próximo a proceso electorales debe convivir con el caos que genera el fantasma de la vuelta al populismo. Su única herramienta es la tranquilidad que trae su aura de expectativas de desregulación, seguridad jurÃdica y progreso macroeconómico.
Una vez lograda la estabilización, hazaña no menor, sigue una etapa aún más difÃcil: la desregulación. Pasar de jugar el partido del control al partido de los incentivos genera exposición a shocks internos y externos para los cuales se requieren reservas que nunca se tienen, pues fueron dilapidadas en los gobiernos anteriores. Sin controles, la demanda de dinero pasa a tener conexión con la oferta de pesos y, por ende, con la demanda de dólares. Esto significa que en un paÃs sin reservas internacionales y sin controles, deben existir en todo momento los incentivos para que los agentes económicos opten por permanecer en pesos. En otras palabras, una tasa de interés mayor a la expectativa de devaluación contra el dólar. Esta articulación no luce especial, es la que tienen todos los paÃses normales.
¿Por qué nosotros tenemos tanto problemas entonces? Porque el argentino vive nervioso con los Pesos. Ya vivió tantos exabruptos monetarios que está a un click de comprar dólares y tal vez perder rendimiento, pero dormir en paz. En los mencionados perÃodos electorales, este nerviosismo brota por los poros, inquietos por la posible vuelta de la emisión y destrucción de la moneda. Para los gobiernos macroprudenciales, esto es muy caro. Esta caÃda de la demanda de dinero lleva al Banco Central a subir la tasa para desincentivar la compra de dólares, pero esta estrategia funciona para la volatilidad normal, no para sucesos disruptivos. Si se espera un salto discreto del tipo de cambio, la tasa de interés necesaria para compensar eso tiende a infinito. No hay que subestimar la capacidad de los argentinos de estrangularse con tal de no soltar los dólares.
Hay dos escenarios en las cuales la conexión entre polÃtica cambiaria y la monetaria pueda no derivar en un desastre de tasas estratosféricas y parálisis de las cadenas de pago. El primero es que contemos con reservas suficientes para hacer frente a expectativas devaluatorias. Existe una magnitud de poder de fuego del Banco Central para la cual deja de importar quién gobierna, pero estamos lejos de ella. El segundo es un pacto (puede ser en forma de Ley) de mantener el equilibrio fiscal y dejar de emitir dinero que trascienda mandatos polÃticos. Una reforma de la Carta Orgánica del BCRA puede ser el camino, pero "Ley mata Ley". La decisión final la tendrá siempre el electorado.


