Dólar barato y superávit comercial, la paradoja del sector externo argentino

El mayor superávit comercial en casi 20 años convive con un tipo de cambio real en niveles históricamente bajos. ¿Por qué?
Muchos líderes creen que el problema está en sus equipos, pero el verdadero conflicto suele estar en cómo se conduce el sistema de trabajo.
El conflicto que estalló a fines de febrero disparó el precio del crudo de US$ 72 a US$ 111 el barril en dos meses, un salto del 53%. El impacto en América Latina fue casi inmediato. Los diferentes tipos de cambio de la región se depreciaron: el uruguayo subió 4,8%, el chileno 2,9% y el mexicano 1,4% desde comienzos del conflicto. El shock también aceleró la inflación: en marzo el IPC subió 1,0% en Chile (vs. 0% en febrero), 0,9% en México (vs. 0,5% en febrero), 2,4% en Perú (vs. 0,7% en febrero) y 0,9% en Brasil (vs. 0,7% en febrero). Uruguay fue la excepción dentro de los que se depreciaron, con una inflación similar a la de febrero.
Argentina y Brasil nadaron contra la corriente y sus monedas se apreciaron nominalmente frente al dólar en ese período, el real 3,4% y el peso 2%. En Argentina, la dinámica respondió a varios factores: la liquidación de la cosecha fina, la emisión de Obligaciones Negociables y los préstamos financieros a empresas exportadoras inundaron el mercado en un contexto de caída de la demanda de dólares por la actividad estancada y menor dolarización de carteras. El tipo de cambio bajó y el BCRA aprovechó para comprar dólares: en abril registró el récord con US$ 2.770 millones, acumulando en el año compras por más de US$ 7.300 millones. Sin embargo, la acumulación de reservas es significativamente menor por el pago de deuda: en torno a US$ 3.000 millones, según las diferentes métricas.
Mientras el peso se apreciaba, los precios domésticos treparon 3,4% en marzo y estimamos desde Equilibra que sea 2,4% en abril. La combinación de apreciación nominal e inflación más alta que la regional generó una pérdida de competitividad significativa en todos los frentes, concentrada principalmente en abril. En dos meses el Tipo de Cambio Real Bilateral se deterioró 9,4% frente a Uruguay, 7,3% frente a Chile, 6,2% frente a México y 1,2% frente a Brasil. En términos regionales, la caída acumulada fue del 5% contra Sudamérica y del 6% en el índice multilateral. El tipo de cambio real oficial -a precios de hoy- se ubica en niveles similares a los del promedio que reinó durante buena parte de la convertibilidad (pre-devaluación de Brasil en enero de 1999).
El superávit comercial de bienes del primer trimestre de 2026 fue de US$ 5.500 millones, el mayor para un primer trimestre desde 2009 -a precios de hoy-, con exportaciones creciendo 17% e importaciones cayendo 7% interanual.
Detrás del número hay varias historias que se combinaron. Por un lado, una cosecha de trigo récord favorecida por lluvias abundantes y la ausencia de temperaturas extremas, que impulsó las cantidades exportadas de la agroindustria un 16% interanual. Por otro, el aumento de la demanda de oro como activo de reserva ante la incertidumbre global impulsó el precio del metal un 70% interanual en el primer trimestre -antes incluso de que estallara el conflicto- y disparó las exportaciones de minería un 80% interanual, casi exclusivamente por efecto precios.
A un ritmo significativamente menor, las exportaciones industriales siguen creciendo (las cantidades subieron 3% interanual), lideradas por productos más diferenciados y competitivos, como productos químicos. A pesar de la caída reciente, el Tipo de Cambio Real del primer trimestre se ubicó 12% por encima del mismo período de 2025. Sin embargo, dado que éste cayó marcadamente en abril, es probable que las exportaciones industriales se estanquen en los próximos trimestres.
Donde todavía no se vio el impacto del shock del precio del petróleo es en energía, que creció apenas 2% interanual en el primer trimestre con precios que incluso cayeron 11%. La razón es técnica: el Indec aclara en sus propios datos que las exportaciones reflejan operaciones aduaneras iniciadas hasta 45 días antes del embarque, por lo que las cifras de marzo no capturan el salto del crudo que ocurrió justamente desde principios de marzo. Cuando ese impacto llegue a los datos, el salto va a ser significativo.
El superávit no surge solo del crecimiento de las exportaciones. Las importaciones tuvieron un comportamiento heterogéneo en el primer trimestre. Las vinculadas al consumo crecieron 14% interanual, mientras que las vinculadas a la producción cayeron 17%. El resultado fue una caída de las cantidades importadas totales del 11%, reflejo de una actividad estancada que deprime la demanda.
El efecto del tipo de cambio atrasado probablemente se sienta en servicios en los meses venideros. En 2025 el país acumuló un abultado déficit de servicios (US$ 11.200 millones), motorizado por el turismo. Si bien los datos de la cantidad de turistas del Indec muestran una mejora del déficit turístico en el primer trimestre, el turismo emisivo aéreo -el canal de mayor gasto en dólares- siguió creciendo (+20% i.a. en cantidad de personas).
Para 2026 estimamos que las exportaciones de bienes alcancen los US$ 100.000 millones, monto pocas veces visto en la historia argentina, con la agroindustria aportando US$ 6.000 millones más que en 2025, la energía US$ 4.000 millones y la minería US$ 3.000 millones. De sostenerse el conflicto, la perspectiva podría ser aún más favorable; de lo contrario, la mejoría vendría principalmente por cantidades en energía y minería, ya que las perspectivas para la cosecha gruesa son mejores para el maíz que para la soja.
A esto se le suman dos presiones que podrían erosionar el saldo externo: si la actividad económica se recupera en los próximos meses, las importaciones para la producción volverían a crecer; y si el sendero de apreciación cambiaria se mantiene, el déficit de servicios seguirá siendo una fuente de presión para las cuentas externas.
Frente a este escenario, el BCRA podría aprovechar la bonanza para comprar todavía más dólares, acumular reservas genuinas y contar con poder de fuego para suavizar el ciclo cuando las condiciones cambien. Si el shock resulta transitorio, el colchón podría ser más delgado de lo que los números sugieren. Si es permanente, el costo del atraso cambiario se irá haciendo más visible con el tiempo. Por ahora, los vientos siguen soplando a favor. La pregunta es hasta cuándo.



