¿Atraso cambiario? La ex número dos del FMI dice que sÃ, y la teorÃa le da la razón

El tipo de cambio de equilibrio tiene dos curvas. El debate argentino suele mirar una sola
- 💬 Gopinath, ex número dos del FMI y profesora en Harvard, dice que el peso argentino debe depreciarse más y que las reservas deben acumularse a un ritmo mayor antes de las elecciones de 2027; no es una crítica externa, sino una advertencia sobre un desajuste.
- 🔄 En la práctica, la respuesta habitual es que el tipo de cambio lo fija el mercado, pero la pregunta clave es: ¿equilibrio respecto de qué objetivo?
- 🧭 John Williamson propone el tipo de cambio real de equilibrio fundamental: debe permitir equilibrio interno (empleo cercano al pleno) y equilibrio externo (cuenta corriente sostenible).
- 📊 La idea se apoya en Swan–Salter–Meade: existen dos curvas de equilibrio, externa e interna, y el cruce señala el tipo de cambio real de equilibrio.
- 🔎 El punto de intersección de ambas curvas es el equilibrio real; cualquier otro punto es desequilibrio, aunque una curva parezca estar “en orden”.
- 🇦🇷 En lo externo, Argentina muestra un superávit comercial de 18.249 millones USD entre ene–ago y 33 meses consecutivos en positivo, lo que para la curva externa podría indicar que no hay atraso cambiario.
- ⚠️ Pero el saldo externo depende de la composición: las importaciones de los primeros ocho meses fueron bajas y la energía explica casi la mitad del superávit; esto podría reflejar demanda débil, no balance real.
- 📉 En lo interno, hay signos de debilidad: julio cayó 2,9% mensualmente y 1,4% interanual; industria -4,6%; comercio -5,1%; desempleo 7,9%; pobreza 32,3% en el primer semestre.
- 🧭 Según Swan, Argentina está cerca de la curva externa pero lejos de la interna (zona de desempleo); alcanzar la intersección requeriría más gasto interno y un tipo de cambio real más alto.
- 💡 Un argumento oficial es que el boom energético desplaza la curva externa y justifica un tipo de cambio más apreciado (fenómeno conocido como enfermedad holandesa).
- 🧩 Pero esa explicación por sí sola no garantiza equilibrio interno: si la energía genera divisas pero no suficiente empleo, pueden coexistir cuentas externas sanas con desempleo alto.
- 🔄 En resumen, el tipo de cambio real de equilibrio no es un número único; exige mirar tanto el saldo externo como el gasto interno, no solo una de las dos curvas.
- 🧠 Y cuando la advertencia llega desde el propio FMI, no debe tratarse como una opinión heterodoxa sino como un diagnóstico relevante para la política.
Gita Gopinath, ex número dos del Fondo Monetario Internacional y hoy profesora en Harvard, fue directa en una entrevista reciente: el peso argentino necesita ajustarse y depreciarse más de lo que lo está haciendo, y el paÃs debe acumular reservas a un ritmo mucho mayor antes de las elecciones de 2027. Lo dijo alguien que, al mismo tiempo, elogió el compromiso fiscal del Presidente. No se trata, entonces, de una crÃtica al programa desde afuera, sino de una advertencia sobre una pieza que no encaja.
La respuesta habitual a este tipo de planteos es conocida: el tipo de cambio lo fija el mercado y el superávit comercial prueba que no hay atraso. El debate suele empantanarse porque se omite una pregunta previa: ¿equilibrio respecto de qué?
La respuesta clásica la dio John Williamson a comienzos de los años ochenta con su tipo de cambio real de equilibrio fundamental. Para Williamson, el tipo de cambio "correcto" no es el que despeja el mercado en un dÃa determinado, sino el que permite alcanzar a la vez dos objetivos de mediano plazo: el equilibrio interno, una economÃa que opera cerca del pleno empleo sin presiones inflacionarias, y el equilibrio externo, un saldo de cuenta corriente sostenible y financiable con flujos normales de capital.
La idea hunde sus raÃces en el diagrama que Trevor Swan y W. E. G. Salter popularizaron en los años cincuenta, sobre la base del trabajo de James Meade. En él conviven dos curvas. La de equilibrio externo reúne las combinaciones de tipo de cambio real y gasto interno que mantienen la cuenta corriente en un nivel sostenible: si el gasto sube, crecen las importaciones y hace falta un tipo de cambio más alto para compensarlas. La de equilibrio interno reúne las combinaciones que mantienen el pleno empleo: si el tipo de cambio se aprecia, cae la demanda de bienes nacionales y se necesita más gasto interno para sostener la actividad.
El tipo de cambio real de equilibrio es uno solo: el de la intersección. Cualquier otro punto es un desequilibrio, aunque sobre una de las curvas todo parezca en orden. De ahà la regla de Jan Tinbergen: dos objetivos requieren dos instrumentos, el nivel del gasto y el precio relativo entre bienes transables y no transables.
Desde el sector externo, la foto es favorable. El superávit comercial acumuló USD 18.249 millones entre enero y agosto, más del triple que un año atrás, y suma 33 meses consecutivos en terreno positivo. Quien mira solo esa curva concluye que no hay atraso: si el comercio deja saldo, el tipo de cambio serÃa el adecuado.
Pero importa cómo se logra ese saldo. Las importaciones de los primeros ocho meses, USD 48.999 millones, fueron menores que las del año pasado, y la energÃa explica el 42,9% del superávit. Un excedente que descansa en parte sobre importaciones deprimidas no demuestra equilibrio: puede ser el reflejo de una economÃa que gasta poco porque produce poco.
La otra curva cuenta esa historia. La actividad cayó 2,9% mensual en julio y 1,4% interanual; la industria retrocedió 4,6% y el comercio 5,1%; el desempleo subió a 7,9% y la pobreza alcanzó el 32,3% en el primer semestre. Ninguno de esos datos describe una economÃa en equilibrio interno.
En términos del diagrama de Swan, la Argentina se ubica sobre o cerca de la curva de equilibrio externo, pero lejos de la de equilibrio interno, en la zona de desempleo. Llegar a la intersección exigirÃa combinar un mayor gasto interno con un tipo de cambio real más alto. Es, traducido al lenguaje del modelo, lo que planteó Gopinath.
Hay un argumento serio del lado oficial: el boom energético desplaza la curva de equilibrio externo y justifica un tipo de cambio más apreciado que en el pasado. Es cierto, y es precisamente lo que la literatura conoce como enfermedad holandesa, formalizada por Max Corden y Peter Neary en 1982: un sector de recursos naturales en expansión aprecia la moneda y desplaza al resto de los transables.
Pero el argumento prueba solo la mitad. Que un tipo de cambio apreciado sea compatible con el equilibrio externo no lo vuelve compatible con el interno. Si la energÃa genera divisas pero no empleo en la escala necesaria, y los sectores intensivos en trabajo pierden competitividad, la economÃa puede exhibir cuentas externas sanas y desempleo creciente al mismo tiempo. Es exactamente la situación que el enfoque de Williamson permite diagnosticar, y la que la advertencia de Gopinath pone sobre la mesa.
El tipo de cambio real de equilibrio no es un número que se defiende por convicción ni una variable que se deja librada para mostrar prescindencia. Es la intersección de dos condiciones. Una polÃtica cambiaria que se evalúa solo por el saldo comercial, o solo por la desinflación, resuelve la mitad del examen.
En economÃa, como en la facultad, estudiar una sola curva puede alcanzar para zafar en un parcial. No alcanza para gobernar. Y cuando la advertencia llega desde el propio corazón del FMI, ya no se la puede despachar como una opinión heterodoxa.


