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Goleada, cambio de imagen y un enorme gesto de capitán de Messi: lo que dejó la última función de Argentina en el país antes del Mundial

Goleada, cambio de imagen y un enorme gesto de capitán de Messi: lo que dejó la última función de Argentina en el país antes del Mundial
analisis

El 5-0 frente a Zambia no solo funcionó como despedida del público antes de defender la corona, sino también como una respuesta clara tras la pálida imagen que había dejado el equipo ante Mauritania

La Selección Argentina transformó una noche que, en la previa, estaba cargada de dudas en una demostración contundente de jerarquía. El 5-0 frente a Zambia no solo funcionó como despedida del público antes del Mundial, sino también como una respuesta clara tras la pálida imagen que había dejado el equipo ante Mauritania. Fue, sobre todo, un cambio de clima.

Desde el inicio, el equipo de Lionel Scaloni mostró otra cara. Presión alta, circulación más dinámica y mayor decisión para atacar marcaron un ritmo que Zambia nunca logró descifrar. La diferencia de jerarquía -ante un rival 91° en el ranking FIFA, con un valor de mercado cercano a los 22 millones de euros y una racha de ocho partidos sin ganar, se evidenció rápido. 

El elenco africano se presentó como un rival cerrado en los primeros minutos, pero rápidamente dejó al descubierto muchas limitaciones: flojo en los duelos individuales, con dificultades en las persecuciones y en los perfiles defensivos, y con errores tanto en los controles como en la circulación. Fue un equipo de menor jerarquía, incluso con cierta ingenuidad táctica, especialmente al intentar presionar hacia adelante sin referencia clara sobre el receptor. En ese contexto, Argentina hizo lo que debía: imponer condiciones, manejar los tiempos y marcar la diferencia lógica en el resultado.

El golpe anímico llegó temprano con el gol de Julián Álvarez a los tres minutos del primer tiempo. La "Araña" picó rimero y marcó el rumbo de un partido que luego se amplió con los tantos de Lionel Messi, que esta vez jugó todo el partido, a diferencia del duelo ante Zambia donde ingresó en el segundo tiempo, Nicolás Otamendi, un gol en contra de Dominic Chanda y el estreno en la red de Valentín Barco.

Hubo, sin embargo, un tramo del partido en el que el equipo de Scaloni se quedó sin profundidad en los últimos metros. En tres cuartos de cancha hacia adelante le faltó cambio de ritmo, sorpresa y precisión en la puntada final. Esa meseta recordó, por momentos, lo ocurrido en el encuentro anterior frente a Mauritania, cuando el equipo dejó una imagen deslucida y generó cierto malestar en el público de la Bombonera. Incluso Emiliano Martínez había sido autocrítico en la previa al señalar que al equipo le "faltó sangre".

Esta vez, el escenario fue distinto. La Scaloneta jugó con mayor soltura, encontró espacios con facilidad y resolvió el partido sin mayores sobresaltos. La verdadera señal positiva fue la continuidad: Argentina no se conformó con abrir el marcador y fue por más, con una voracidad que muchas veces se le reclamaba. En ese sentido, la eficacia fue uno de los puntos más altos, transformando casi cada avance profundo en una situación de gol real.

"El equipo entendió el mensaje del otro día y hoy jugó como acostumbra a hacerlo. Eso fue lo más positivo de estos días acá. Lo del otro día fue un accidente, lo importante es que no se vuelva a repetir", destacó Lionel Scaloni en conferencia de prensa. Y agregó: "Con esta camiseta no hay tiempo para relajarse, la exigencia siempre fue máxima. Valoro que el equipo cambió de actitud de un partido al otro".

En ese escenario, volvió a aparecer Messi como eje emocional y futbolístico. El capitán, que ante Mauritania se había retirado visiblemente molesto por el rendimiento colectivo, mostró otra cara. Se lo vio más comprometido, activo en la generación de juego y, sobre todo, disfrutando dentro de la cancha. Su participación fue determinante para destrabar el partido y contagiar al resto. El astro alcanzó los 901 goles en su carrera -116 con Argentina- y extendió a 21 años consecutivos su racha anotando con la camiseta albiceleste. Además, tuvo un gesto clave de liderazgo al cederle un penal a Nicolás Otamendi, en lo que podría haber sido su última función oficial en suelo argentino.

🗣️ "¡OTA, OTA!"¡MESSI, DIBU Y CUTI LO OBLIGARON!: Otamendi pateó el penal y puso el 3-0 de #Argentina ante #Zambia 🫡 pic.twitter.com/OwMzD8BOKS

Acompañando al capitán, uno de los puntos más altos de la noche fue Thiago Almada. El mediocampista ofensivo exhibió una versión muy interesante: suelto, participativo y con ese "potrero" que lo distingue. Aportó dinamismo desde su tendencia a partir desde la izquierda hacia el centro para asociarse en corto, una variante que le da otra fluidez al ataque y que contrasta con el perfil de Nicolás González, más inclinado a la amplitud y al desborde por banda.

Pero justamente ahí aparece uno de los matices del análisis. La Scaloneta sigue dependiendo en exceso de Messi para la aceleración final, algo que ante Zambia no fue un problema, pero que podría serlo frente a selecciones de mayor nivel. Jugadores como Alexis Mac Allister o Enzo Fernández mostraron buen manejo, pero aún les falta mayor verticalidad en los últimos metros. La ausencia de Rodrigo De Paul en el once titular también dejó en evidencia que el equipo todavía está buscando variantes de ritmo más allá de su líder.

En lo colectivo, sí hubo señales claras de mejora. Las líneas se mostraron más compactas, las transiciones defensa-ataque fueron más limpias y el mediocampo ganó fluidez con un gran rendimiento de Leandro Paredes, que manejó los tiempos con una precisión casi perfecta (solamente erró dos pases de 106).

Tanto en el amistoso como Mauritania como Zambia, hubo espacio para el recambio. Valentín Barco y otros nombres como Nico Paz empiezan a consolidarse como alternativas reales. En torneos cortos, donde el desgaste y las lesiones juegan un papel central, tener variantes confiables puede marcar la diferencia entre competir y quedarse en el camino.

Aun así, el contexto obliga a relativizar. Zambia ofreció muchas facilidades y prácticamente no exigió al equipo, más allá de alguna intervención aislada de "Dibu" Martínez. El verdadero desafío será sostener esta versión ante potencias donde el margen de error se reduce y la eficacia deja de ser una virtud para convertirse en una obligación.

Sin embargo, la noche dejó mensajes positivos: Argentina mantiene una racha impresionante en amistosos -25 victorias (17 consecutivas), cuatro empates y apenas dos derrotas-, y confirma que, incluso en partidos de preparación, la mentalidad competitiva sigue intacta. La goleada no garantiza nada, pero sí refuerza una identidad que parecía momentáneamente desdibujada.

En definitiva, más allá de algunas lagunas en el ritmo de juego, Argentina dejó una imagen sólida y cumplió con lo esperado: dominar, gustar y recuperar sensaciones positivas. Se fue de la Bombonera con algo más que un triunfo: volvió a conectar con su gente. Y en el centro de todo, otra vez Messi, sosteniendo el sueño de un equipo que apunta a defender la corona en la Copa del Mundo, a disputarse en Canadá, Estados Unidos y México.

"Que de la mano/de Leo Messi/todos la vuelta vamos a dar", fue el último cántico esperanzador de los hinchas, que sueñan con el bicampeonato a 72 días del inicio del certamen mundialista. El camino hacia la cuarta estrella ya está en marcha.

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