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Militantes comunistas destruyeron las calles de São Paulo en apoyo al dictador Lula Da Silva

Militantes comunistas destruyeron las calles de São Paulo en apoyo al dictador Lula Da Silva
Dufume
internacionales

El dictador Lula llamó a movilizar a los más de 30 millones de brasileños que se abstuvieron en la primera vuelta electoral, destrozando el centro de San Pablo.

AI
  • 🗳️ Brasil se prepara para la segunda vuelta presidencial del 25 de octubre entre Bolsonaro y Lula, en un clima de alta polarización.
  • 🪧 En São Paulo, la marcha de la izquierda “Marcha por la Democracia” derivó en actos vandálicos: pintadas y daños a estaciones de metro mientras se expresaba apoyo a Lula.
  • 🗣️ Lula encabezó la marcha con dos ejes en su discurso: movilizar a más de 30 millones de abstencionistas y promover una reducción de la jornada laboral.
  • ⚙️ Propuesta PEC 221/2019 busca reducir la jornada de 44 a 40 horas semanales sin recorte salarial, eliminando la semana 6x1 y con una primera rebaja a 42 horas a los 60 días.
  • 🏛️ El plan ya recibió luz verde en la Cámara y en la comisión del Senado; se votaría en primer turno el 14 de octubre. Requiere 49 votos en dos turnos y varias sesiones de debate; hay intentos de acortar los plazos y postergar el voto tras las elecciones.
  • 💬 Bolsonaro tildó la medida de oportunista; Lula lo contrarresta acusando a su rival de oponerse al descanso de los trabajadores para ocultar pérdidas de poder adquisitivo.
  • 📈 En la primera vuelta, Bolsonaro obtuvo la mayor cantidad de votos (56,1 millones, 47,03%) frente a Lula (53,9 millones, 45,16%), y Datafolha habría previsto una distribución distinta.
  • 🔮 A días de la segunda vuelta, una encuesta de Datafolha (6–7 de octubre) ubica a Bolsonaro liderando con alrededor del 52% de votos válidos frente a 48% para Lula.
  • 🚫 El Tribunal Superior Electoral ordenó clausurar un canal de WhatsApp favorable a Lula tras detectar difusión de noticias falsas denunciadas por la campaña de Bolsonaro.
  • 🤝 Bolsonaro reforzó su campaña con encuentros con alcaldes de la región metropolitana de São Paulo y cuenta con el respaldo del gobernador Tarcísio de Freitas y del alcalde Ricardo Nunes.

En el marco del convulso escenario electoral de Brasil de cara a la definición en segunda vuelta fijada para el 25 de octubre, el país asiste al colapso político y a la desesperación del régimen socialista encabezado por Luiz Inácio Lula da Silva. Acorralado por el avance de Bolsonaro, el oficialismo ha volcado sus últimos cartuchos a la movilización de calle. Sin embargo, la incapacidad del socialismo para seducir al electorado con ideas ha derivado en una abierta escalada de violencia. El foco absoluto de esta degradación institucional tuvo lugar en el corazón financiero del país, donde la denominada “Marcha por la Democracia” convocada por la izquierda se transformó en una jornada de salvajismo.

Llenando la Avenida Paulista en São Paulo con la marea comunista del Partido de los Trabajadores (PT) —sin que existieran estimaciones independientes de la asistencia—, los militantes comunistas desataron su furor vandálico. Durante la protesta dirigida contra el candidato de derecha Flávio Bolsonaro, los grupos radicales realizaron pintadas salvajes y destrozaron las entradas de las estaciones de metro en São Paulo. Al no poder competir con propuestas, los militantes comunistas optaron de manera directa por el vandalismo urbano para intentar sostener la agónica candidatura del dictador Lula da Silva.

En medio de este clima de violencia retratado en imágenes de la agencia REUTERS/Amanda Perobelli —donde se observó a partidarios del presidente encaramados a postes sosteniendo banderas—, el propio Luiz Inácio Lula da Silva encabezó la manifestación buscando acortar distancias con el senador Flávio Bolsonaro. Lula da Silva, quien aspira a un cuarto mandato, centró su discurso en dos ejes principales.

El primero fue un llamado de auxilio para movilizar a los más de 30 millones de brasileños que se abstuvieron en la primera vuelta del 4 de octubre, apelando especialmente a los electores de mayor edad y afirmando con vehemencia que no se puede permitir que “los ladrones vuelvan a gobernar este país”.

El segundo eje del oficialismo constituyó una maniobra populista centrada en la reducción de la jornada laboral. El régimen petista intenta forzar la aprobación en el Senado de la propuesta de enmienda constitucional 221/2019 (PEC), incluida en la agenda por el presidente del cuerpo, Davi Alcolumbre, para su votación en primer turno el miércoles 14. Dicha reforma busca eliminar la escala 6x1 (seis días de trabajo por uno de descanso) para garantizar dos días de descanso semanal remunerado, bajando la jornada máxima de 44 a 40 horas sin recorte salarial, implementando una primera rebaja a 42 horas a los 60 días de su promulgación.

La iniciativa, que ya obtuvo luz verde de la Cámara de Diputados en mayo y de la Comisión de Constitución y Justicia del Senado el 2 de septiembre, requiere 49 votos favorables en dos turnos y el cumplimiento de cinco sesiones de debate previas al primer turno y tres sesiones antes del segundo. Pese a que la líder oficialista Teresa Leitão junta firmas para acortar plazos a la penúltima semana de octubre, la oposición exige postergar el debate hasta después de los comicios, recordando que el propio Davi Alcolumbre prometió en agosto que se votaría tras las urnas, dejando la reforma en un estado de incertidumbre reglamentaria.

Ante este embate demagógico, Flávio Bolsonaro —quien impulsa un plan de recorte del gasto público alineado con el modelo de libertad del presidente argentino Javier Milei— tildó la medida de “oportunista”. Frente a ello, Lula da Silva acusó a su rival de oponerse al descanso de los trabajadores, en un intento por tapar la pérdida de poder adquisitivo que sufren las familias pese a los índices de desempleo.

La desesperación del comunismo se fundamenta en la paliza electoral de la primera vuelta, donde ninguna encuestadora anticipó la fuerza del voto conservador. Con el 99,99% de las urnas escrutadas, Flávio Bolsonaro —heredero político de Jair Bolsonaro, el expresidente inhabilitado hasta 2030 por el Supremo Tribunal Federal y arrestado en 2025— cosechó 56,1 millones de votos (47,03% de los válidos), aventajando por 2,2 millones de votos a Lula da Silva, estancado en 53,9 millones (45,16%), desmintiendo categóricamente a Datafolha, que preveía un 45% a 42% en favor del oficialismo.

De cara al balotaje, el liderazgo de la derecha es irreversible. El sondeo de Datafolha del 6 y 7 de octubre (2.520 entrevistas, dos puntos de margen de error) ubica a Flávio Bolsonaro al frente con el 52% de los votos válidos frente al 48% de Lula da Silva (49% a 45% en votos totales). Para consolidar el triunfo definitivo, Flávio Bolsonaro se reunió en São Paulo con alcaldes de la región metropolitana (20 millones de habitantes), ratificando el valioso respaldo del gobernador Tarcísio de Freitas y del alcalde capitalino Ricardo Nunes.

En paralelo, el cuerpazo electoral asestó otro duro golpe al petismo: el Tribunal Superior Electoral ordenó clausurar un canal de WhatsApp favorable a Lula da Silva tras comprobarse la difusión de noticias falsas denunciadas por la campaña de Bolsonaro, demostrando que la izquierda solo sabe recurrir a la mentira y a la violencia de calle.

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