Videollamadas, ataques de pánico y la cajera del supermercado amiga: cómo pasó la abogada Agostina Páez sus 70 días en Brasil

En diálogo con Clarín, la abogada reconstruyó la angustia desde el 14 de enero, cuando la denunciaron por racismo. La Justicia aceptó que pague un resarcimiento económico y haga una probation. En las próximas horas se resolverá su regreso a la Argentina.
El 14 de enero será una fecha que recordará toda su vida Agostina Páez, la abogada argentina que estuvo cerca de ir presa por racismo luego de que fue denunciada por empleados de un bar de Ipanema, en Río de Janeiro, por realizar gestos e insultarlos.
Hasta este martes pasaron exactamente 70 días en los que la única persona en que se apoyó Agostina en Brasil fue Carla, una empleada de un mercado al cual la abogada e influencer argentina iba a comprar, totalmente tapada para no ser reconocida.
Carla es una joven brasileña, casualmente afrodescendiente, con quien Agostina habló mucho sobre el racismo en Brasil, quien no la juzgó por su comportamiento, quien la invitó a salir en más de una oportunidad y principalmente, quien escuchó y tranquilizó a la joven, que estaba en un país que no era el suyo y amenazada de muerte.
Aquel miércoles Agostina tenía que regresar a su Santiago del Estero natal junto con las dos amigas que habían venido con ella a pasar unos días de vacaciones. Todo cambió cuando por la tarde le llegó un mensaje en su WhatsApp en el que tenía que presentarse en la comisaría N° 11 de Rocinha.
Primero pensó que era una estafa virtual, pero un nuevo mensaje, estaba vez acompañado de una firma y del delito que se la acusó, hizo que vaya hasta la sede policial. Allí se enteró de la causa en su contra por injuria racial, un delito que en Brasil prevé una pena máxima de 5 años de cárcel.
La Policía de Río de Janeiro tenía su número porque para ingresar al bar Brazin, donde ocurrieron los hechos, le habían pedido su nombre, número de documento, teléfono y hasta el mail.
Cuando salió de la comisaría a Agostina se le derrumbó el mundo, su mundo.
“Cuando salgo de la comisaría empiezo a recibir insultos. En ese momento no dimensioné lo grande que iba a ser. Cuando iba caminando a mi departamento me veo en las pantallas de los televisores de los restaurantes y ahí dimensioné lo grande que se hizo todo, lo viral”, dijo a Clarín, al recordar los primeros momentos tras su imputación.
Lo que siguió para Agostina fueron “días de calvario y de mucha angustia”, como ella misma lo describió.
“Para ir al mercado tenía que taparme toda, iba paranoica de que nadie me reconozca en la calle por las amenazas que recibí por las imágenes que había mías en todos lados”, describió, hoy, más tranquila.
Agostina estuvo sola, en un departamento en las afueras de Barra de Tijuca. A diario tenía videollamadas con sus amigas, su papá Mariano y su hermana de 16 años, a quien cría hace una década tras la muerte de su madre. También hablaba con su tía.
Pero el contacto cara a cara que tenía en Brasil era Carla. En sus charlas, comprendió la gravedad de sus hechos.
“He hablado mucho con ella. Me conoció antes de saber todo, una vez que se enteró, lo único que me dijo es que no me juzga. Hablamos mucho de por qué es así aquí los temas de racismo. Me tranquilizó y me dijo que va a salir todo bien. Todos los días me preguntaba cómo estaba”, sostuvo la abogada argentina.
Carla la invitaba seguido a hacer actividades fuera del departamento, pero Agostina se negaba y le explicaba que no quería exponerla a ella.
“La sentía una cara amiga”, confesó.
Para pasar los días, Agostina comenzó un curso para perfeccionar su idioma inglés. También continuó la terapia con su psicólogo: “Eso me hizo levantarme de la cama porque había días que no tenía ni ganas de levantarme”.
La única vez que salió de su departamento a pasear fue con Mariano, su padre, cuando vino a visitarla. Fueron a la playa, pero ella no se sacó el pantalón largo que tapaba la tobillera electrónica que la Justicia de Río dispuso que utilizara hasta continúe el proceso judicial.
El día más duro en la estadía de la argentina fue el 6 de febrero, cuando llegó una notificación policial de que tenía que ser detenida y alojada en una comisaría.
“Todo ese momento era muy angustiante, sentía que no avanzaba (la causa), y la notificación que me llegó me dio un ataque de pánico. Estaba sola, caminaba, iba y volvía dentro del departamento. Cuando me buscó la policía traté de calmarme y volver a eje. Ese fue el peor día acá”, reconoció.
Páez estuvo apenas unas horas demorada hasta que su defensa presentó un habeas corpus y la Justicia dio lugar a que continúe en su departamento, con tobillera electrónica y sin poder salir del país.
Así siguió hasta este martes, cuando en una audiencia ante el juez del Tribunal Penal N° 37 de Río de Janeiro les pidió nuevamente perdón a las víctimas de sus dichos y la fiscalía llegó a un acuerdo para que realice un resarcimiento económico y que regrese a la Argentina, donde deberá realizar tareas comunitarias como parte de la pena.
El juez indicó que tomará unos días para homologar el acuerdo, pero Agostina está confiada que volverá el fin de semana a Santiago del Estero, donde se reencontrará con su hermanita, sus amigas y su cachorro.
AS