Toda la Argentina en una sola página

Covid: el imprinting inmunológico y por qué en EE.UU. y Europa dan una vacuna distinta que en la Argentina

Covid: el imprinting inmunológico y por qué en EE.UU. y Europa dan una vacuna distinta que en la Argentina
sociedad

En el hemisferio norte ya se dejaron de usar las bivalentes que se aplican acá. Las nuevas dosis sólo apuntan a Ómicron. Cuál es la razón para volver a las monovalentes y cuándo llegarían al país.

AI
    \n
  • 💉 Los principales laboratorios están lanzando nuevas dosis monovalentes de vacunas contra el Covid, como la XBB.
  • \n
  • 🌍 Es recomendable vacunarse antes de viajar, ya que los aviones pueden ser un foco de contagio.
  • \n
  • 🏥 Colgarse con los refuerzos de vacunas puede provocar más hospitalizaciones y mutaciones en el virus.
  • \n
  • ⌛️ Las dosis adaptadas a los cambios del virus llegan a la Argentina con cierto retraso.
  • \n
  • 🔬 Los laboratorios están volviendo a las vacunas monovalentes para combatir la variante Ómicron.
  • \n
  • 🔍 El fenómeno del imprinting inmunológico hace que la vacuna se siga enfocando en la variante original.
  • \n
  • 📊 Aunque las nuevas vacunas pueden generar más anticuerpos, no se ha demostrado su efectividad para prevenir la infección severa.
  • \n
  • 💪 La indicación sigue siendo vacunarse según el esquema recomendado con las dosis disponibles.
  • \n

Era un chequeo de rutina. El médico le dijo al hombre que mejor espere y se vacune contra el Covid en Europa, su destino de vacaciones, porque “la que dan ellos es mejor”. En efecto, los principales laboratorios están lanzando dosis nuevas contra el coronavirus, no bivalentes sino ahora monovalentes, las monovalentes XBB. ¿La razón del volantazo? Un desafío científico llamado imprinting inmunológico.

Hay que destacar que todos los consultados para esta nota rechazaron la sugerencia del médico citado arriba. Jorge Geffner, reconocido inmunólogo e investigador Superior del Conicet en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS), señaló que, “considerando que los aviones son un foco posible de contagio, el consejo es que si a la persona le toca un refuerzo, vacunarse antes de viajar, sea la bivalente o la vacuna contra el Covid que esté disponible”.

Lo mismo subrayaron las referentes médicas de los dos principales laboratorios de vacunas contra el SARS-CoV-2. Julia Spinardi, líder de Asuntos Médicos y Científicos de la Unidad de Covid de Mercados Emergentes de Pfizer enfatizó que, “para tener protección contra la enfermedad grave, nunca conviene esperar”. Y según Paula Pertzov, gerente médica de Raffo, el laboratorio licenciatario de Moderna en la Argentina, “esperar es no estar vacunado”.

El mundo le corre de atrás a los caprichosos cambios del virus pandémico. El círculo es vicioso: colgarse con los refuerzos repercute en más hospitalizaciones. Las hospitalizaciones, en mayores chances de que el virus mute y se generen cambios genómicos que escapen la respuesta inmunológica que generan las vacunas, dado que los pacientes internados con Covid severo son como grandes reservorios o usinas de multiplicación viral.

Si bien la recomendación es respetar el esquema de vacunación recomendado, es cierto que las nuevas herramientas inmunológicas que van surgiendo en el hemisferio norte llegan a estas pampas con un delay de unos meses.

Así, aun cuando las bivalentes protejan contra la enfermedad grave y aun cuando en esta olita de contagios muchos sientan estar “a la vanguardia” por recibir esas dosis potenciadas, desde el punto de vista de la evolución científico-tecnológica, la bivalente, en realidad, ya fue.

En comparación a los tiempos del hemisferio norte, las dosis adaptadas a los cambios del virus SARS-CoV-2 llegan más tarde a la Argentina por dos razones. La primera es que, “al ser estadounidense, es necesario que la vacuna esté aprobada en el mercado local, antes de solicitar la autorización a otras agencias regulatorias”, explicó, desde Pfizer, Spinardi.

La otra razón es que, en la práctica, las agencias regulatorias de medicamentos de Estados Unidos y Europa (FDA y EMA, respectivamente) funcionan como “faros” de sus pares mundiales. En el caso de Argentina, de la ANMAT.

Dicho de otro modo, un medicamento que venga con la luz verde de esos organismos (cuya reputación es, en varios sentidos -aunque no todos-, \'incuestionable\'), si bien pasará por el exigente tamiz local, tendrá de entrada varios porotos a favor. Vale recordar que, en lo simbólico, la falta de esos porotos fue parte del cuestionamiento que se le hizo a la vacuna rusa Sputnik V.

Pertzov, referente médica de Moderna, explicó que modificar la vacuna para adaptarla al virus circulante de turno lleva unos 90 días: “Como con la gripe, la FDA mira las nuevas cepas circulantes y le pide a los laboratorios que actualicen las vacunas. Desde ya, siempre estaremos detrás del virus, que muta permanentemente”.

Spinardi coincidió y explicó que, en este caso, “el proceso de adaptación a la variante de Covid XBB fue indicado por la Organización Mundial de la Salud y por la FDA y la EMA. Una vez que se determina a qué variante direccionar, la plataforma ARN mensajero permite modificar la vacuna muy rápido, en unos 100 días. Luego de ese lapso, estará completamente lista desde el punto de vista de la producción”.

Ambas, la monovalente XBB de Pfizer y la de Moderna, están siendo hoy revisadas por la ANMAT, un organismo respetado en el mundo pero que, se sabe, se toma sus tiempos. Sin embargo, las referentes estimaron que, si todo va viento en popa (la ANMAT aprueba y las autoridades de Salud de Argentina la recomiendan), la monovalente XBB debería estar disponible para la gente a más tardar en el invierno. Incluso, antes.

¿Es razón para no vacunarse ahora y esperarla? Definitivamente, no. Para entenderlo, conviene explicar por qué los laboratorios están volviendo a las vacunas monovalentes.

Las bivalentes se habían propuesto como superadoras de la primera generación de vacunas, dado que estaban dirigidas contra dos blancos, y no solo uno.

Los targets que entonces se plantearon fueron, 1) que combata la que todos llaman “variante original”, o informalmente, “Wuhan”, y 2) que también haga foco en la versión genómica del Covid que mundialmente se apostó como “la” variante que le garantizó al virus gran contagiosidad y menor virulencia. No hay que olvidar que para seguir multiplicándose, el SARS-CoV-2 nos precisa vivos...

Hablamos de Ómicron, con sus mil y una facetas (hijas y nietas de esa variante) llenas de números y letras imposibles de recordar. Desde XBB hasta JN.1, por mencionar solo un par.

Sin embargo, ahora los laboratorios decidieron diseñar una propuesta que, aseguran otra vez, es superadora: vacunas monovalentes (como las que usamos hasta antes de las bivalentes), pero con la novedad de que no apuntan contra Wuhan sino solo contra Ómicron.

La explicación de este viraje está en el concepto mencionado al comienzo de estas líneas: el llamado imprinting inmunológico.

En inglés, “imprint” quiere decir “imprimir”, pero también “dejar una huella”. “Imprinting”, a su vez, significa “impronta”, de modo que por imprinting inmunológico se entiende la persistencia de una huella impresa que direcciona la inmunidad en determinado sentido.

Así lo explicó Geffner: “De uno u otro modo, sea por infección como por vacunas, casi todo el mundo tomó contacto con la variante original de Wuhan. ¿Qué genera el fenómeno del imprinting inmunológico? Que, aun cuando te vacunes con una dosis montada sobre una derivada de Ómicron, sigas \'recordando\' la variante original. Es que, aun cuando la variante sea otra, compartirá motivos con Wuhan porque ambas son, en definitiva, SARS-CoV-2”.

“Nosotros decimos que comparten epítopes, en realidad”, explicó Geffner, en alusión al tecnicismo por el que determinadas porciones de una molécula logran ser reconocidas por la memoria inmunológica.

El problema que genera el imprinting es que si el sistema inmune reconoce de manera dominante a Wuhan, la protección con los refuerzos de vacunas se reforzará en esa dirección, aun cuando la vacuna contenga un segundo blanco (en el caso de las bivalentes, Ómicron).

¿Entonces? Los laboratorios apostaron a quitar la referencia de la variante original de las nuevas dosis para mejorar el sesgo del imprinting inmunológico. Geffner cree que es un buen plan, pero remarcó que, a la fecha, no hay estudios publicados que demuestren una efectividad superior de estas vacunas (en comparación a las anteriores), a la hora de evitar hospitalizaciones.

“Todo el mundo trata de torcer el imprinting inmunológico. Y no solo en Covid. Este es un gran problema también en influenza. Por eso las vacunas contra la gripe tienen una efectividad que no supera el 40% o 45%”, explicó.

Desde los laboratorios señalan que las nuevas monovalentes despiertan un mayor título de anticuerpos, pero Geffner aclaró que “no hay absolutamente ningún estudio publicado que demuestre que las nuevas monovalentes sean superiores para evitar la infección severa”. Porque, “incluso cuando se vean distintos niveles de anticuerpos neutralizantes, eso no implica una mayor inmunogenicidad, además de que son diferencias muy sutiles”.

“Siempre pensamos en los anticuerpos como el dato concluyente, pero la protección para la infección severa no está medida tanto por anticuerpos como por la respuesta de linfocitos T”, explicó el científico, y cerró: “En este sentido, los niveles de efectividad entre unas y otras vacunas no son tan distintos. La indicación sigue siendo vacunarse según el esquema recomendado con las dosis que estén disponibles donde uno esté”.

Temas en la nota

779500

Suscribite a nuestro newsletter

Un resumen de las noticias más relevantes directo en tu email.