Milei insulta como nunca, pero su Gobierno admite que la economía necesita cambios

Automotrices y constructoras esperan un 2027 muy parecido a 2026. La aprobación a Milei nunca tuvo tanta diferencia entre hombres y mujeres.
- 🔄 El Gobierno de Milei da señales de reconocimiento de problemas económicos; el Ministro Luis Caputo anunció que parte del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses se destinaría para financiar créditos hipotecarios destinados a familias de ingresos altos.
- 🏦 El plan de créditos hipotecarios con fondos estatales para sectores de ingresos altos es novedoso, pero contradice postulados libertarios al implicar tope de tasas, intervención estatal y “justicia social”; busca cubrir la morosidad y presentar un programa para las clases medias.
- ⚖️ En paritarias, el Gobierno flexibilizaría las negociaciones: se evalúa elevar el sueldo de bolsillo a un millón de pesos mediante sumas no remunerativas y bonos, en busca de reactivación pese a la rigidez discursiva.
- 🗓️ Milei adelantó que volverá a la Casa Rosada al menos una vez por semana para encabezar reuniones de gabinete y facilitar el tratamiento de proyectos de la oposición para recuperar el quórum en Diputados.
- 🧭 Estas medidas revelan la preocupación por el impacto de la economía en la próxima elección: un programa que no se sostenga en las urnas no funciona en un régimen democrático.
- 🚗 En automotriz, las proyecciones para 2026 apuntan a 510 mil autos (nacionales e importados), por debajo de los 650–700 mil previstos; 2027 podría ser similar o peor.
- 🏗️ En construcción, los datos de cemento sugieren que este año será peor que 2025 y que 2026 podría parecerse a ese año, con un año electoral complejo.
- 🎭 La batalla cultural continúa, pero surge la pregunta de si sigue siendo eficaz; Milei ya no es solo grosería, sino una marca de autenticidad que resulta difícil de comparar con otros políticos.
- 📉 Poliarquía señala una caída de unos 12 puntos en la valoración de Milei este año, 20 puntos entre votantes de Juntos por el Cambio, y una brecha de género histórica: ~50% de hombres lo apoyan frente a ~30% de mujeres.
La progresión escatológica contra los periodistas con la que Javier Milei decidió volver a la actividad pública luego de varias semanas de mantenerse bajo el resguardo de la vida privada esconde un viraje que empezó a dar su propio Gobierno y que revela que al menos una parte de la administración libertaria tomó registro de que hay aspectos de la economía que no funcionan.
El Presidente desatado que salpica todos sus discursos con insultos y descalificaciones cada vez más peligrosas para la vida democrática es, como dice él mismo, el protagonista e impulsor de la “batalla cultural”, un emprendimiento que por ahora no piensa abandonar. Debajo de esa maraña, esta misma semana el ministro Luis Caputo anunció que destinaría parte del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses para financiar un puñado de créditos hipotecarios destinados a familias de ingresos altos.
La decisión es desde cualquier ángulo insuficiente y todavía ni siquiera está claro qué bancos se sumarán al plan, pero es novedosa porque traiciona varios postulados del refranero libertario: pone un tope a las tasas, implica la intervención estatal en acuerdos entre privados y fue presentada en nombre de la justicia social. Pero esos no son los sacrilegios más visibles, porque la medida se convirtió en una respuesta y en un intento de escapar de la crisis por la altísima morosidad en el mercado de préstamos. La idea fue correr del escenario los créditos impagos para presentar un programa de créditos hipotecarios que históricamente ilusionaron a las clases medias.
El Gobierno también se decidió a aflojar la restricción que había puesto en las negociaciones paritarias, que intentaba limitaba los aumentos salariales a un 2% mensual, y deslizó que comenzaría a aceptar acuerdos que, con la suma de sumas no remunerativas y bonos, permitieran llevar a los gremios más castigados por los retrasos salariales el piso del sueldo de bolsillo a un millón de pesos. También es una modificación menor, pero igual que en el anuncio de los créditos, pone a los funcionarios de Milei a decir cosas que contradicen la inflexibilidad de los discursos del Presidente. Alguien en la Casa Rosada entendió que sin aumentos salariales, o al menos sin una sensación de mejora salarial, no habrá reactivación.
Hubo otras novedades, como el anuncio de que, luego de casi un mes sin visitarla, tal como informó Guido Carelli Lynch en Clarín, ahora Milei llegará a su oficina en la Casa Rosada al menos una vez por semana para encabezar reuniones de su gabinete o la disposición a tratar proyectos de la oposición en Diputados para que el oficialismo obtenga el quórum que había perdido.
Sin embargo, el plan de los créditos y la flexibilización de las negociaciones salariales son más significativas, porque dejan ver la preocupación por el impacto de la economía deshilachada en el futuro electoral. Tal vez sea necesario repetir que un programa económico que no puede sostenerse en las urnas no es un buen programa económico para un régimen democrático.
Aún no se sabe si el sector privado aceptará estirar los sueldos de bolsillo tal como imagina el Gobierno, y se espera que el resultado de ese anuncio tenga una aceptación despareja, sobre todo en los negocios pequeños, que suelen trabajar con márgenes más ajustados y que tienen en los salarios su principal gasto.
Las empresas tienen varios datos que muestran que el año próximo podría no ser mejor que este. Un ejemplo es el del mercado automotriz. Para 2026 las terminales locales habían pronosticado que se venderían entre 650 mil y 700 mil autos en todo el país. La realidad les terminó imponiendo un martillazo y hoy todas saben que no se venderán más de 510 mil, sumando nacionales e importados de múltiples orígenes. La estimación generalizada es que en 2027 no se venderán más coches que en este año.
En la construcción imagina un panorama similar: la evolución de los despachos de cemento muestran que este año será un poco peor a 2025 y en el sector ya se preparan para que el año electoral sea parecido a 2026.
En el Gobierno, sobre todo cuando la comunicación estaba en manos del asesor Santiago Caputo, solían explicar que la “batalla cultural” recuperaba intensidad cuando no había muchas buenas noticias en la economía para anunciar. La pregunta hoy es: ¿sigue siendo efectiva esa estrategia o las apariciones de un Presidente desbocado y cada vez más concentrado en derramar insultos a periodistas con alusiones invariablemente escatológicas espanta más votantes que los que seduce? La novedad es que Milei -en una progresión que se agravó desde la semana pasada, cuando le dijo “mierda humana, mal cagada” a Marcelo Bonelli por una columna en Clarín- ya dejó de ser un político que se animaba a usar palabras que sus colegas no usaban y convertía esa decisión más en una prueba de autenticidad que en un gusto por la grosería. Hoy Milei ya no se puede comparar con otros políticos, porque habla de una manera que no usa ningún otro adulto en la Argentina. En estos días es difícil de encontrar en una oficina, una estación de tren o una cancha de fútbol argentinas a un hombre o mujer de poco más 50 años que pronuncie insultos tan graves con tanta frecuencia como lo hace el Presidente por la TV o las redes sociales.
Poliarquía tiene estudios que pueden echar luz sobre el efecto de esa novedad. A pesar de que en las últimas semanas el declive aparece estancado, la consultora registró en lo que va del año una caída de cerca de 12 puntos en la valoración que la sociedad tiene sobre Milei. Lo significativo es que esa caída llega a 20 puntos si se pregunta a las personas que dicen haber votado Juntos por el Cambio en la elección presidencial. Eso muestra un deterioro del “voto blando” de Milei, que impacta particularmente sobre las mujeres. Hoy, casi la mitad de los hombres argentinos apoyan a Milei. Si se les pregunta a las mujeres, en cambio, solo tres de cada diez tienen buena opinión sobre el Presidente. Esa brecha entre las opiniones de hombres y mujeres es la más grande en la historia de las mediciones de Poliarquía.


