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El nuevo gesto de independencia de Patricia Bullrich: ¿enfermedad oficialista o síntoma?

El nuevo gesto de independencia de Patricia Bullrich: ¿enfermedad oficialista o síntoma?
Dufume
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Milei tiene una imagen positiva de 33 puntos y una negativa de 56,6. El objetivo del plan Malvinas es evitar que a Milei lo acusen de que no hizo nada.

AI
  • 💬 Bullrich se desmarca de Milei: el Gobierno lo interpreta como un intento de mejorar la comunicación interna y de enfrentar batallas internas, incluso proponiendo desmantelar la mesa de La Libertad Avanza.
  • 💰 En el Presupuesto, el Gobierno busca desarmar la idea de desindexar el crecimiento de fondos para discapacidad y avanza para garantizar esos fondos mediante una ley.
  • 🗳️ Cada vez que Bullrich critica, puede reforzar su protagonismo y presionar sobre recortes a jubilados u otros proyectos clave.
  • 📉 La aprobación del Presidente está entre 33 y 35% según Caputo y su equipo; preocupa a la Casa Rosada por ser más baja que hace meses y por la posición de Bullrich.
  • 📈 Encuestras: Milei tiene imagen positiva de 33 y negativa de 56.6; la positiva lleva a la baja desde julio, lo que inquieta al Gobierno.
  • 🇺🇸 El tema Malvinas entra en escena: Trump impulsa la narrativa, Milei se alinea con una postura soberanista y el Gobierno prepara una Ley de Soberanía para presentar ante el Congreso.
  • 🛢️ El objetivo es retrasar las perforaciones petroleras en Malvinas para ganar tiempo electoral o desalentar críticas sobre la falta de acción.
  • 🗺️ En la ONU, Milei debe hablar de la soberanía de Malvinas; el Gobierno busca una foto con Trump y evalúa posibles encuentros con Netanyahu.
  • 🔎 En resumen: el episodio revela tensiones internas, la fragilidad de la popularidad oficial y movimientos estratégicos para influir en la política y la campaña del año próximo.

El nuevo gesto de independencia de Patricia Bullrich frente a Javier Milei ¿es una enfermedad o un síntoma? Para el Gobierno, la forma más cómoda de acercarse a esa cuestión es inclinarse por la primera posibilidad y decir, por ejemplo, que hay que mejorar los canales de comunicación en el oficialismo, que hay trabajar para resolver las internas permanentes, que es necesario escuchar a los especialistas que pueden dar una opinión sobre las consecuencias políticas de insistir -por ejemplo- con el recorte de los fondos para los tratamientos de personas con discapacidad o incluso admitir que la mesa política de La Libertad Avanza no sirve para nada y desmantelarla sin demasiadas ceremonias ni lamentos.

En rigor, es lo que hizo el Gobierno, cuando, pocas horas después de la queja de Bullrich, comenzó a buscar caminos para desarmar la idea de desindexar el crecimiento de los fondos para discapacidad que contiene el nuevo Presupuesto nacional enviado al Congreso.

Alguno en la Casa Rosada habrá dicho “Patricia tiene razón”, o tal vez lo hayan expresado con palabras menos amables, y eso disparó un operativo para que La Libertad Avanza defienda en la Cámara de Diputados un proyecto de ley para que el área de Discapacidad reciba el dinero público necesario para sostener los tratamientos de las personas. Ese será el modo de corregir el Presupuesto y de reaccionar frente a la queja de Bullrich, que volvió a desafiar el criterio de Milei, como ya había hecho este año con el escándalo de Manuel Adorni y con el crecimirnto de la morosidad de los préstamos. En ese contexto se vuelven válidos los análisis sobre quién ganó y quién perdió con el episodio y se convierte en relevante contar cuántos porotos se quedó Bullrich con esa jugada.

Pero también está la otra manera de considerar lo que pasó, que es entender que la renovada vocación independentista de la jefa del bloque de senadores libertario es el síntoma de una enfermedad que tiene el Gobierno.

Esa enfermedad es que el nivel de aprobación de la figura del Presidente está muy bajo, entre otras cuestiones porque su plan económico pierde popularidad.

Esa situación le deja espacio a la ex ministra de Seguridad de Milei para pensarse a sí misma como candidata presidencial para el año próximo. Si se ve de ese modo al problema, hay que entender que Bullrich no reaccionará cada vez que recorten fondos a los jubilados o cada vez que no la consulten sobre un proyecto de ley importante: la senadora levantará la mano para plantar banderitas rojas cada vez que pueda.

Eso sucede siempre con los dirigentes oficialistas. Cuando el jefe está con los niveles de popularidad altos, nadie quiere pagar el alto costo de enfrentarlo. Cuando ocurre lo contrario, criticar al Presidente se vuelve barato, o incluso redituable. Para usar terminología del ministro de Economía, Luis Caputo, Bullrich comprará como una campeona cada oportunidad que se le presente.

En el equipo de Santiago Caputo dedicado a revisar las encuestas conocen bien esta situación. Según los estudios que prepara Tomás Vidal para Caputo, la imagen positiva del Presidente oscila hoy entre 33 y 35 puntos porcentuales. Esos números son modestos y preocupan a la Casa Rosada por tres cosas: son 5 puntos más bajos que los del último diciembre, Axel Kicillof está muy cerca de las cifras de aprobación presidenciales y Bullrich está bastante por encima de todos.

La consultora Synopsis tiene datos similares. Según una encuesta que se terminó de procesar esta semana, Milei tiene una imagen positiva de 33 puntos y una negativa de 56.6 puntos. Lo más preocupante para el Gobierno es que desde julio, la positiva se achica y la negativa se agranda.

Esa clase de datos fue la que obligó al Gobierno a integrarse a la ola malvinera por la hendija que abrió Donald Trump. En diciembre, operadores informales de Washington le avisaron a la Casa Rosada que Estados Unidos estaba dispuesto a agitar el tema Malvinas en sus cruces con el gobierno laborista del Reino Unido.

En ese momento, Caputo y su gente comenzaron a preparar una narrativa para ofrecerle a Milei, que nunca había pensado con seriedad sobre el tema. Este mes, cuando Trump mencionó las islas, Caputo propuso de urgencia la cadena nacional y Milei la aceptó.

En esos días, a las apuradas y con partes de proyectos que estaban circulando en el área de Defensa y también en la SIDE, terminó de armarse la Ley de Soberanía que se presentó ante el Congreso.

Milei nunca disimuló que su sorpresiva vocación soberanista se despertó por la oportunidad que abrió Trump, y en el Gobierno admiten que el Presidente se convenció cuando le explicaron los problemas padecería su plan de ser reelecto si en medio del año de votaciones una empresa empezaba a perforar el mar que rodea a las Malvinas para sacar petróleo. “Nos iban a acusar de no haber hecho nada por evitarlo, e iban a tener razón”, confesó en los últimos días uno de los funcionarios que trabaja en la estrategia.

En la Casa Rosada saben que Milei no logrará recuperar la soberanía de las islas, y consideran que si Trump se propone como mediador con Londres podrán celebrar un éxito. En rigor, el objetivo verdadero es el del año que viene: de máxima, retrasar el arranque de las perforaciones petroleras en las islas para alajrlo de las elecciones; de mínima, desalentar a quienes podían acusar al Presidente de no haber hecho nada por impedir la sustracción de los recursos nacionales.

El Presidente viajará este lunes a Nueva York, a participar de la Asamblea General de la ONU. Allí mantendrá un encuentro con el israelí Benjamin Netanyahu, uno de sus aliados principales. En el Gobierno están trabajando para que el Presidente tenga al menos una foto con Trump, aunque admiten que conseguirla será muy difícil. En su discurso ante la Asamblea, Milei volverá a mencionar la reivindicación de la soberanía argentina sobre las Malvinas. El año pasado le dedicó al tema un párrafo breve sobre el final de su discurso, y lo usó como ejemplo para criticar a la propia ONU. Esta vez, acaso, hablará de la cuestión con un poco más de entusiasmo.

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