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La nueva etapa de Milei en el mundo: el pariente que todos prefieren ver poco

La nueva etapa de Milei en el mundo: el pariente que todos prefieren ver poco
Dufume
opinion

El único político que sacó ventaja con el viaje de Milei a España fue Sánchez. Los salarios comenzaron a ganarle a los precios, aunque siguen abajo en el año.

AI
  • 🔹 Milei llega a España y su atracción para la derecha global se debilita; ya no es visto como la solución de antaño.
  • 🔹 En Madrid, Abascal no posó para una foto; Ayuso apareció con cara de incomodidad mientras Milei la buscaba para abrazarla.
  • 🔹 Pedro Sánchez adelantó las elecciones para el 29 de noviembre y lanzó una campaña intensa, incluyendo seis tuits sobre Milei y gran cobertura mediática.
  • 🔹 Milei dejó de ser un recurso de la derecha y pasó a ser un dardo que usan los progresistas contra la derecha.
  • 🔹 En Brasil, Lula recordó a Flavio Bolsonaro la cercanía con Milei y Bolsonaro hijo evitó definiciones.
  • 🔹 El motivo es que los políticos suelen atacar a quien tiene mala imagen para sumar apoyo.
  • 🔹 Milei es un "árbol" problemático por dos razones: la economía argentina débil y su cercanía a Trump y Netanyahu, líderes poco valorados fuera de sus países, lo que arrastra su imagen.
  • 🔹 Esa afectación internacional no suele pesar mucho en los votantes argentinos de cara a las elecciones del año próximo.
  • 🔹 En lo económico, Milei presume crecimiento y caída de la inflación, pero no ofrece una explicación sólida de cómo el dinero alcanza para llegar a fin de mes.
  • 🔹 En EE. UU., la campaña se centra en la capacidad de compra (affordability), un tema que se parece a los problemas de Milei; Lula y Sánchez también lidian con costo de vida alto en sus países.
  • 🔹 Un gráfico de Fernando Marull muestra que los salarios estuvieron detrás de la inflación desde septiembre pasado; en abril de 2026 las paritarias superaron la inflación por primera vez, pero luego se volvió a perder terreno hasta septiembre; los salarios se están recuperando.
  • 🔹 Milei tiene poco más de un año para demostrar que los salarios pueden volver a rendir para comprar más que el mes anterior.
  • 🔹 El Presidente sigue creyendo que la recuperación debe venir del mercado y de retirar obstáculos como impuestos y regulaciones; esa idea va perdiendo popularidad incluso entre su propio Gobierno.

Javier Milei comprobó esta semana en España que su carrera política entró en una nueva etapa: sus amigos de la derecha global ya no lo cortejan como antes. Su figura, antes un llamador para votantes seducidos por la posibilidad de sacarse de encima estructuras políticas asentadas o envejecidas, que solía ser atractiva por el contenido de sus mensajes y entretenida por la motosierra, por el aspecto de Milei y por las formas rupturistas con las tradiciones de muchos países, ahora ocupa el lugar de esos parientes que todos prefieren esconder en las grandes ocasiones.

En el viaje a Madrid, el jefe de Vox, Santiago Abascal, no consideró tan importante sacarse una foto con el Presidente y atendió a Milei por teléfono. De los dirigentes importantes del Partido Popular, sólo Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, aceptó el pedido del gobierno argentino y esperó a Milei con cara de incomodidad ante las cámaras mientras el jefe libertario la buscaba para abrazarla al final de una de esas carreritas apasionadas que despliega cuando quiere que se note que el personaje con el que se está encontrando es su amigo.

El que sí le sacó el jugo a la visita fue Pedro Sánchez, que adelantó las elecciones generales para el 29 de noviembre y que está dedicado de lleno a la campaña con la que intentará quedarse en el poder. Sánchez publicó seis tuits seguidos sobre Milei para recibirlo, algo que no hizo ninguno de sus aliados, y las páginas webs de los diarios más cercanos a su Gobierno se llenaron de notas sobre los insultos del visitante argentino a su colega español. En la mañana en que Milei llegó a Madrid, la versión web local de El País, tuvo durante horas las diez principales notas de su portada dedicadas al libertario.

Milei, antes un recurso de campaña de los candidatos de derecha, es ahora un dardo que lanzan cada vez que pueden los políticos progresistas.

Algo parecido a eso se vio en el debate presidencial de mediados de semana en Brasil, cuando Lula le recordó a Flavio Bolsonaro su cercanía a Milei y el hijo del ex presidente encarcelado esquivó cada una de esas definiciones.

¿Por qué ocurre eso? Se sabe que los políticos, cualquier político del mundo, se especializan en sacar leña de los árboles maltrechos o caídos. Si algún dirigente tiene mala imagen, el atajo más cómodo para ganar simpatía entre el electorado es pegarle a esa oveja negra.

Milei se convirtió en uno de esos árboles en el bosque de la política mundial por dos razones. Una es que la economía argentina -lo dijo el propio Presidente- está en un mal momento. La otra es que Milei se pegó a Donald Trump y a Benjamin Netanyahu, dos líderes con mala reputación en regiones muy amplias del globo. Eso pasó desde la llegada de Milei a la Casa Rosada, pero Trump y Netanyahu cada día son peor valorados fuera de sus países y ese río arrastra al presidente argentino.

Esta clase de desventuras en el extranjero no suelen tener peso en la conciencia de los votantes argentinos. Dentro de un año exacto, cuando compita por su reelección, Milei tendrá que dar explicaciones sobre materias distintas a estas.

La principal será, cuando no, la economía. El presidente libertario podrá decir con los datos en la mano que encadenó tres años seguidos de crecimiento y que bajó la inflación de manera apreciable. Pero, tal como quedó muy claro esta misma semana, no tiene una respuesta satisfactoria o al menos razonable para quienes dicen que el dinero no les alcanza para llegar a fin de mes.

Otra vez hay que hablar del mundo, porque Milei no está sólo con este padecimiento. Trump -que comanda una economía que consigue mantenerse robusta en rubros determinantes para las competencias electorales como el consumo, el empleo y la inversión-, notó que la campaña para la elección legislativa que se definirá el 3 de noviembre está girando sobre la palabra affordability. En términos de la discusión argentina, los estadounidenses están hablando de los problemas que tienen con su capacidad de compra, un remedo del “no llego a fin de mes” que tanto exaspera y tantos problemas de comunicación le genera a Milei.

Los adversarios de Milei están enredados con cosas parecidas, porque Lula y Sánchez, también al frente de economías que crecen poco pero crecen, están complicados con los problemas de la población para pagar con sus ingresos los bienes y servicios que necesitan. El brasileño tuvo que largar de apuro un Plan Platita y Sánchez adelantó las elecciones como forma de escapar de la crisis que estalló en su país por los altísimos costos de la vivienda. Allí hay crédito y hay empleo, y aún así las generaciones jóvenes se resignan a un futuro sin casa propia o, peor aún, de cuarentones compartiendo departamento, cocina y baño con amigos -los más afortunados- o con semidesconocidos.

¿Podrá zafar Milei de esa trampa? El economista Fernando Marull publicó esta semana un gráfico que compara la evolución de los salarios con el índice de inflación.

Según ese relevamiento, desde septiembre del año pasado hasta abril de este año los ingresos de los trabajadores perdieron la carrera contra los precios todos los meses.

En abril de 2026, las paritarias le ganaron bien a la inflación por primera vez en el año, perdieron por poco en el mes siguiente y desde allí hasta septiembre -el último dato conocido- los sueldos vienen recuperando el terreno perdido.

Milei no tendrá muchas oportunidades más que esa si quiere ganar las elecciones. Tiene un año casi exacto para conseguir que los salarios vuelvan a servir para comprar un poco más que el mes anterior.

El Presidente sigue creyendo que esa recuperación solamente puede originarse en las fuerzas del mercado, y que el papel de un programa económico es poco más que retirar los obstáculos y trabas -impuestos y regulaciones, por ejemplo- para que esas energías hagan lo que tengan que hacer. Esa idea, tomada literalmente como la toma casi todo el tiempo Milei, es cada vez menos popular, incluso entre los miembros del Gobierno.

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