Murió Adolfo Aristarain, director de Tiempo de revancha y Un lugar en el mundo, a los 82 años

Fue un cineasta de enorme talento que reactivó al cine argentino con filmes que se volvieron clásicos."Un lugar en el mundo" fue enviada por Uruguay a competir por el Oscar, quedó nominada y la descalificaron.
- 🕯️ Falleció Adolfo Aristarain a los 82 años, una figura clave del cine argentino, confirmada por la Academia de España.
- 🎬 Su obra renovó el cine argentino entre los años 70, 80 y 90 con títulos icónicos como Tiempo de revancha, Un lugar en el mundo y Martín (Hache).
- 🇪🇸 Tuvo una fuerte relación con España, donde vivió siete años y rodó varias películas; recibió dos Premios Goya y la Medalla de Oro de la Academia de Cine.
- 🧠 Era conocido por ser apasionado, meticuloso y, a veces, terco, características que definieron su método y su cine.
- ⏳ Tiempo de revancha (1981) es una de sus obras más memorables, una historia ambientada en la dictadura que desafió la censura y dejó escenas icónicas.
- 🗺️ Su cine abordó la realidad política de la época, con allegorías sobre presos políticos, desaparecidos y persecución empresarial y sindical.
- 🎥 Inició en la industria en 1965 como segundo asistente de dirección; debutó como director en 1978 con La parte del león y trabajó como asistente en más de 30 largometrajes, colaborando con figuras como Sergio Leone.
- 🌍 Entre sus obras destacan Últimos días de la víctima (1982), Un lugar en el mundo (1992), La ley de la frontera (1995), Martín (Hache) (1997), Lugares comunes (2002) y Roma (2004).
- 🏆 A nivel internacional, Un lugar en el mundo representó a Uruguay para el Oscar y recibió una nominación descalificada tras una denuncia periodística.
- 🧬 Legado: dejó una filmografía influyente que marcó el cine argentino y dejó huella tanto en Argentina como en España.
El director de cine Adolfo Aristarain murió este domingo a los 82 años, pero deja una carrera si bien no prolífica, sí llena de grandes títulos y que renovaron a un anquilosado cine argentino allá por los años '70, '80 y '90. Tuvo a su cargo la realización de clásicos del cine argentino, como Tiempo de revancha, Un lugar en el mundo y Martín (Hache). Tenía 82 años.
La noticia la confirmó la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y tuvo impacto en la industria. El director estuvo muy ligado a ese país, donde vivió durante siete años y rodó algunas de sus películas. Aristarain recibió dos Premios Goya y la Medalla de Oro de la Academia de Cine.
Si había algo que caracterizaba a Aristarain era ser un tipo apasionado y meticuloso, tanto en su carrera profesional como en su vida privada. Como buen descendiente de vascos, era un tipo terco, que cuando se le ponía una idea fija en la cabeza era tozudo y seguramente la llevara a cabo, costara lo que costara.
De sus películas, seguramente la más memorable sea Tiempo de revancha (1981), de la que el próximo 30 de julio se cumplirán 45 años de su estreno. Fue uno de los mejores filmes del cine argentino de todos los tiempos. Por lo que significó en plena dictadura militar, y porque es un peliculón.
Aristarain le llevó el guion de Tiempo de revancha a Héctor Olivera y Luis Osvaldo Repetto, tras haber dirigido para su sello Aries La playa del amor (1979) y La discoteca del amor (1980).
El filme de Aristarain fue más que una bocanada de aire fresco para el panorama que mostraban las pantallas nacionales. Imperaba la dictadura, y también el nefasto Ente de calificación del Instituto de Cine, como se llamaba por 1981, que se atribuía el poder de cortar o prohibir películas.
Se sabe: la movida de los dueños del sello Aries (Héctor Olivera y Fernando Ayala) fue presentarla para calificar a último momento, el lunes 27 de julio, para poder retrucar, si la prohibían, con el estreno encima.
Nada de esto sucedió con Tiempo de revancha, pero porque Aristarain supo cómo eludir la censura, y porque los censores de turno no se dieron cuenta del trasfondo de la película con Federico Luppi, Ulises Dumont, Julio de Grazia y Haydée Padilla.
Era una alegoría acerca de los presos políticos y los desaparecidos, y hablaba sin tapujos de la persecución empresarial y sindical de la época.
Pedro Bengoa (Luppi) es un obrero de demoliciones, con un pasado como dirigente gremial, que consigue trabajo en el Sur, contratado por una multinacional corrupta (Tulsaco, cómo olvidar el nombre; Aristarain volvería a utilizar a la empresa en otras películas suyas). Junto a otro compañero (Bruno Di Toro, el personaje de Ulises Dumont), amigos desde los tiempos de la lucha obrera, orquestan un plan para estafar a la empresa.
Harán una explosión en la mina, que parezca accidental. Di Toro dirá que perdió el habla y así negociarán una suculenta indemnización. Pero en la explosión Di Toro muere, y es Bengoa quien se hace el mudo.
En la empresa sospechan que hay algo fraudulento, y se niegan a pagar la indemnización a Bengoa, pero le ofrecen medio millón de dólares. Bengoa no acepta el arreglo (Larsen, su abogado, interpretado por De Grazia, lo abandona) y...
Y ahí quedan en la memoria esas dos escenas. La de Bengoa corriendo con su maletín por debajo de la autopista 25 de mayo, luego de tomar Cochabamba y doblar en Balcarce, en una ciudad algo en ruinas, donde desde un Falcon verde, que dobla a contramano, impune, le arrojan a los pies el cadáver de un compañero… Las cuerdas de la música de Emilio Kauderer, que había trabajado con Aristarain en las películas “del amor”, y lo seguiría haciendo, y luego lo haría con Juan José Campanella, son imposible de olvidar.
Y la escena en la que Bengoa decide cortarse la lengua para no hablar. Si quieren volver a verla, o si no la vieron, está hasta en YouTube.
Aristarain comenzó a trabajar en la industria cinematográfica en la Argentina en 1965, como segundo asistente de dirección en Disloque en el presidio (actuaban Mario Sánchez y Tristán), bastante tiempo antes de dirigir su primera película como realizador, que fue en 1978 (La parte del león, con Julio de Grazia).
Trabajó como asistente de dirección en más de treinta largometrajes, y no solamente en la Argentina, ya que asistió a Sergio Leone en Erase una vez en el Oeste (1968) y a Mario Camus en La cólera del viento (1970). También a Juan José Jusid en Los gauchos judíos (1975) y No toquen a la nena (1976), y antes, en La muchachada de a bordo, con Carlitos Balé, Digan lo que digan, con Raphael, La gran aventura (la primera de los Superagentes), La Mary, con Susana Giménez y Carlos Monzón... Crecer de golpe, de Sergio Renán, estrenada en 1977, fue la última vez que aceptó órdenes de alguien detrás de las cámaras.
La parte del león, su opera prima, no fue precisamente un éxito de taquilla, pero sorprendió más que nada a los críticos que vislumbraban en este director novel alguien que sabía manejar los tiempos cinematográficos, contando en un thriller la historia de un hombre común (De Grazia) que encuentra el dinero que fue robado de un banco y al que en vez de solucionarle sus problemas, se le complican. Luisina Brando y Fernanda Mistral encabezaban también el elenco.
Tras La playa del amor y La discoteca del amor, ambas de 1980, y ambas con Ricardo Darín en su época de "galancito", y que servían de excusa para promocionar a artistas musicales como Cacho Castaña, llegaría la oportunidad de Tiempo de revancha.
Luego, y todavía en plena dictadura militar, adaptó la novela de José Pablo Feinmann Últimos días de la víctima (1982), de nuevo con Luppi y con Soledad Silveyra. Mendizábal (Lupi) es un matón, y unos anónimos clientes le ordenan un nuevo asesinato. Pero en la persecución descubría que sólo forma parte de un juego que no le pertenece, de una cadena al servicio de otros intereses.
De 1984 a 1985 dirigió ocho episodios de la serie Pepe Carvalho en España, basada en el personaje de Vázquez Montalbán. Y fue por 1987 cuando en Buenos Aires rodó una coproducción de la Columbia Pictures, un largometraje cuyo título original era Deadly y luego se rebautizó como The Stranger, del que nunca estuvo satisfecho.
Hasta que llegó Un lugar en el mundo (1992), la historia de Mario y Ana (Luppi y Cecilia Roth), que viven en un remoto valle con su hijo. Hasta allí llega un geólogo (José Sacristán) que debe evaluar la posibilidad de crear una represa para producir energía hidroeléctrica, lo que expulsaría a los campesinos de esta tierra.
Muchos recordarán que la Argentina envió a competir para el Oscar a la mejor película hablada en idioma extranjero a El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, con Darío Grandinetti y la famosa "cama piraña" (para deshacerse de las mujeres que le resultaban molestas después del amor...). Aristarain presentó Un lugar en el mundo representando al Uruguay, y la Academia de Hollywood la nominó entre las cinco para competir por el Oscar en ese rubro. Se basó en el hecho de que su esposa, Kathy Saavedra, que coescribió el guion con él y con Alberto Lecchi, era uruguaya.
Fue un periodista mexicano el que denunció la maniobra a miembros de la Academia, que terminó descalificando al filme.
La ley de la frontera (1995) fue una coproducción con España, con Luppi, Aitana Sánchez-Gijón y Pere Ponce, a la que siguió la gran Martín (Hache), en 1997, con Luppi, Juan Diego Botto, Eusebio Poncela y Cecilia Roth. En Lugares comunes (2002) Aristarain demostró que no le temblaba el pulso a la hora de contar una historia con todo el romanticismo. La protagonizaron Luppi (cuándo no) y Mercedes Sampietro.
Su última película fue Roma (2004), en la que un novelista recordaba sus emociones y sus amigos de Buenos Aires en España, pero sobre todo a su madre Roma. José Sacristán, Juan Diego Botto y Susú Pecoraro la coprotagonizaron.
El vasco, como se lo conocía en el ambiente, si bien había dejado de dirigir, siempre se sintió miembro activo de la industria del cine. Tuvo proyectos que no pudo concretar, es cierto, pero los que filmó quedarán para la historia del cine argentino.
BPO/PS

