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El legado complejo y controvertido de Darío Lopérfido: de la cultura al gran debate político

El legado complejo y controvertido de Darío Lopérfido: de la cultura al gran debate político
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Desde sus inicios en el periodismo hasta su polémico paso por la política, su figura generó tanto admiración como rechazo en el ámbito cultural argentino.Con una trayectoria que abarcó desde la gestión cultural hasta la crítica política, su trabajo siempre tuvo repercusión.

AI
  • 🎭 Fue una figura controvertida en la cultura y la política argentina: gestor cultural, periodista, polemista e intelectual.
  • 🏛️ Desarrolló cargos clave: Director del Centro Cultural Ricardo Rojas (1992-1999); Subsecretario de Extensión Cultural; Secretario de Cultura de la Ciudad (1997-1999); Secretario de Cultura y Medios de la Nación (1999-2001).
  • 🎬 Impulsó festivales y proyectos culturales que fortalecieron la escena porteña, como BA FICI y FIBA.
  • 🧩 Formó parte del Grupo Sushi, una generación de gestores y comunicadores que promovían una renovación generacional en la gestión pública.
  • 💬 En 2016, como ministro de Cultura de la Ciudad, afirmó que no hubo 30.000 desaparecidos y que ese número se arregló para obtener subsidios; renunció tras protestas y escraches.
  • 🎭 Dirigió el Teatro Colón (Director General y Artístico, 2015) y fue Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires en 2015, con tensiones y críticas sobre decisiones estéticas y administrativas.
  • 📝 También fue ensayista y comentarista público; publicó "La decadencia del relato K" (2021) y participó en programas de radio, además de su ciclo de entrevistas "El hombre rebelde".
  • 🌍 Tuvo experiencias en el extranjero, trabajando en Berlín y formando parte de la Cátedra Vargas Llosa, que lo conectó con figuras culturales globales.
  • 🗓️ En julio de 2024 anunció que padecía esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y, pese al deterioro, continuó participando y reflexionando sobre la vida, la muerte y la cultura.
  • 🕊️ Murió en Madrid; la web se llenó de homenajes y también de críticas, reflejo de una trayectoria que marcó profundas tensiones entre memoria histórica, cultura y políticas públicas en Argentina.

“El hombre rebelde”, ese era el título del ciclo de entrevistas televisivas que realizó Darío Lopérfido hace menos de un año. Ese hombre que luchó hasta último momento contra el ELA murió hoy en Madrid y la web ha multiplicado las voces que lo homenajean. En menor medida, la de quienes lo critican-

Lopérfido fue uno de esos personajes políticos que suelen ser clasificados como “controvertidos”, un funcionario y un intelectual con perfil alto y un polemista con algunas características más cercanas a los que alimentaron las discusiones políticas de las últimas décadas del siglo pasado.

Su figura nunca pasó desapercibida, fue un gestor cultural que en gran medida se formó a sí mismo, un funcionario político de alto perfil y un polemista público que rara vez rehuyó opiniones divisivas. Su carrera transitó por la prensa, la gestión cultural, la política y el debate público, generando tanto admiración como rechazo. Fue gestor cultural, político, periodista, polemista e intelectual. La creación y el impulso de eventos clave como el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) y el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), que contribuyeron a la proyección cultural de Argentina a nivel regional e internacional, también hablan de ese personaje contradictorio.

Su figura conjuga dos mundos que suelen tensionarse: por un lado, una trayectoria en gestión cultural innovadora, y por otro, posiciones ideológicas y declaraciones controversiales que lo ubicaron en el centro de debates sobre memoria histórica, cultura nacional y políticas públicas.

Nació en Villa Urquiza (CABA) en una familia vinculada al mundo de la comunicación y el trabajo gremial: su padre era obrero gráfico y delegado en el periódico La Razón, y fue despedido al inicio de la última dictadura militar. Este entorno seguramente marcó desde temprano su vínculo con la cultura y la política, y el reconocimiento de los mecanismos de control, poder y comunicación social.

Desde joven, Lopérfido se orientó hacia el campo cultural y mediático: trabajó como periodista en revistas especializadas en teatro y cultura, y en emisoras de radio populares como FM Rock & Pop y Radio La Red. Del mismo modo, se desempeñó como Subsecretario de Extensión Cultural y luego como director del Centro Cultural Ricardo Rojas (que pertenece a la Universidad de Buenos Aires), cargo que ocupó entre 1992 y 1999, construyendo una reputación de gestor y programador cultural.

Justamente ese cargo fue el que le dio luz y protagonismo como opositor al menemismo y como protagonista del gobierno de la Alianza de 1999.

Durante esa etapa temprana, Lopérfido promovió iniciativas centradas en ampliar el acceso a la cultura y destacar dinámicas creativas emergentes. Desplegó estrategias enfocadas en festivales, ciclos y proyectos culturales urbanos que buscaban sintonizar con la vida de una ciudad como Buenos Aires, considerada un polo de actividad cultural latinoamericano.

Para bien o para mal la tentación política lo atrapó, la llegada de Fernando de la Rúa al gobierno nacional y su relación con los hijos del presidente. Ya había dado el salto a la arena política en gran parte, visibilizado por su trabajo en la dirección del Centro Cultural Rojas. Fue Subsecretario de Acción Cultural de la Ciudad de Buenos Aires (1996), Secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires (1997-1999) y Secretario de Cultura y Medios de Comunicación de la Nación durante la presidencia de Fernando de la Rúa (1999-2001).

No quedó afuera de la soberbia política expresada en su pertenencia al “Grupo Sushi”, una generación de gestores y comunicadores que se promovieron como una renovación generacional en la gestión pública nacional. Eso le dio visibililidad para ese presente y para el pos 2001.

Fue un joven dirigente con un pensamiento reflexivo sobre la cultura, pero también fue invadido por una actitud soberbia para entender el país subterráneo que pronto iba a estallar y a ser protagonista en el lapso 2001-2003, previo a la llegada de Néstor Kircher al poder.

Después de la debacle, Lopérfido retornó a la actividad privada hasta que fue designado Director General y Artístico del Teatro Colón, en febrero de 2015, cargo que obtuvo bajo la gestión de Mauricio Macri como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Posteriormente, continuó con funciones públicas cuando Horacio Rodríguez Larreta lo nombró Ministro de Cultura porteño en diciembre de ese mismo año.

Su paso por el Colón también fue controversial. Hubo tensiones con sectores del mundo artístico que cuestionaron la manera en que algunas decisiones estéticas y administrativas se abordaron. Fueron estos desencuentros, junto con polémicas ajenas al ámbito exclusivamente cultural, los que desgastaron su figura dentro de la gestión pública.

Justamente una de las controversias más resonantes que marcaron su carrera ocurrió en 2016, cuando siendo Ministro de Cultura de la Ciudad, en una entrevista declaró que en Argentina “no hubo 30.000 desaparecidos durante la dictadura militar” y que ese número “se arregló en una mesa cerrada para conseguir subsidios”. Estas declaraciones fueron interpretadas como cuestionamiento del consenso histórico sobre la magnitud de las violaciones a los derechos humanos en el Proceso. Hubo fuertes manifestaciones políticas, de organismos de derechos humanos, lo acusaron de relativizar el terrorismo de Estado y de participar en narrativas negacionistas.

En julio de 2016, luego de manifestaciones y escraches de parte de militantes de derechos humanos y de trabajadores de la cultura, renunció al ministerio de Cultura porque le fue “agotador encarar simultáneamente tres tareas de semejante relevancia”.

Lopérfido también fue un intenso comentarista público de la vida intelectual y política. Escribió ensayos, colaboró con columnas periodísticas y mantuvo participación activa en programas de radio. Su ensayo La decadencia del relato K, publicado en 2021, expone una crítica frontal al kirchnerismo desde una perspectiva política, cultural e intelectual, abordando temas como el relato histórico, la comunicación política y la relación entre cultura y poder.

Poco después abandonó el país buscando otros rumbos en el campo de la cultura. Trabajó en Berlín, fue parte de la Cátedra Vargas Llosa, una plataforma académica enfocada en el debate cultural y literario internacional que lo vinculó con figuras de renombre global.

Durante los últimos años de su vida desarrolló un ciclo de entrevistas titulado "El hombre rebelde" (inspirado en la obra de Albert Camus), donde conversó con intelectuales como Martín Caparrós, Cayetana Álvarez de Toledo, Sergio Ramírez, Leopoldo López y Yunior García, abordando cuestiones de política, cultura e identidad desde perspectivas globales.

En julio de 2024, Lopérfido anunció públicamente que padecía Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa grave que afecta progresivamente las funciones motoras. A pesar del deterioro físico, continuó su actividad intelectual, reflexionando y escribiendo sobre su situación, la vida, la muerte y la cultura, manteniendo una postura frontal y sin eufemismos.

En los últimos años se definía como un liberal cultural, también como un provocador. Su carrera refleja las tensiones profundas de la sociedad argentina contemporánea: entre memoria y reinterpretación histórica, entre cultura y política, entre consenso y confrontación.

Entrevistado por Clarín hace menos de un año y preguntado ante la cuestión sobre el número de desaparecidos que hubo en la Argentina durante la dictadura de 1976-1983 que él solía cuestionar, dijo: “Sigo pensando que no fueron 30.000 porque defiendo lo que dice la Conadep, que es el registro oficial argentino. En eso hubo una campaña organizada por los kirchneristas y el afán permanente del campo artístico de hablar muy enfáticamente de cosas que no saben. Me podría haber retractado y seguir tranquilo o mantenerme en mi posición. Eso hice y me siento orgulloso de mi actitud”.

Lopérfido murió hace pocas horas, hace un año decía esto de sí mismo: “El joven que dirigió el Rojas es solo un recuerdo. Soy una persona distinta. Lo que recuerdo es el vigor de una escena cultural porteña que hoy no se parece en nada a esa. Perdió algo de brillantez y desenfado. Los años del kirchnerismo impactaron de manera negativa en el mundo de la cultura. El kirchnerismo fue una fuerza embrutecedora”.

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