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La táctica de Argentina para darlo vuelta: todos para adelante y Messi de 7

Dufume
mundial-2026
AI
  • 🚨 Plan de emergencia: ante Egipto, Argentina ajusta la táctica subiendo líneas y usando a Messi desde la banda derecha para buscar desequilibrio.
  • 🧭 Mediocampo espeso: el juego fue lento y previsible; el ingreso de Paredes como volante central no liberó a Mac Allister ni a Enzo Fernández y faltó movilidad para desbordar la defensa egipcia.
  • 🏃‍♂️ Egipto aprovecha el medio y las bandas: corta los caminos interiores y busca ataques por la izquierda con Hassan; Tagliafico aporta subidas constantes por la salida.
  • ⚽ 1-0 para Egipto: Attia centra y Ibrahim cabecea superando a Lisandro y a Dibu Martínez.
  • ⏱️ Cambio de rumbo tras la pausa: tras la hidratación, Messi se desplaza a la banda derecha y toma las riendas de la remontada.
  • ✨ Remontada en 4 minutos: Messi genera dos acciones decisivas: centro para Romero que cabecea al gol y segundo centro que Messi remata de rebote con la zurda.
  • 🏁 Espíritu de campeón: el equipo corre, defiende con uñas y sale a buscar la victoria, con Lautaro sirviendo un centro para Enzo que remata de cabeza para completar la remontada.
  • 🏆 Conclusión: Argentina demuestra fe y carácter, y sigue mostrando que es campeón al buscar y lograr la remontada hasta el final.

El plan de un partido suele armarse en base al modelo de juego propio y también de acuerdo a las características del rival, que también juega. Pero cuando la táctica falla, cuando los futbolistas no dan respuesta, desde el banco tampoco, y estás 0-2 abajo a falta de 25 minutos para despedirte de un Mundial, hay que patear el tablero. Eso hizo la Selección cuando estaba contra las cuerdas frente a Egipto. Post pausa de hidratación, Argentina se adelantó unos metros en el campo, Lionel Messi se tiró a la derecha como en los viejos tiempos y así el equipo lo dio vuelta en los 90. En una palabra, la estrategia agónica y tácita fue: todos para arriba y Messi de 7.

Otra vez, como en varios tramos de este Mundial, la Selección mostró un juego espeso. Lento, previsible. Ese mediocampismo que fue marca registrada de este ciclo, con su prime en la Copa del Mundo de Qatar, no se hizo fuerte ante Egipto. Se podía pensar que el ingreso de Paredes como volante central iba a liberar más a Alexis Mac Allister y a Enzo Fernández. Pero rara vez ambos fueron encontrados entrelíneas por sus compañeros. Virtud del rival en cortarle los caminos por dentro y falencia propia por la falta de movilidad y de rupturas para desordenar la estructura defensiva egipcia. Había un excesivo pedido de pelota al pie.

Salvo por las constantes subidas de Tagliafico, aprovechando las dificultades del explosivo Hassan para el retroceso (tanto le costó que en una le cometió un penal), no había peligro al espacio. Un errático De Paul no aportaba ni sus cambios de orientación tan característicos. Julián peleaba en desigualdad numérica y lo de Messi era asombroso pero esta vez por lo flojo de su nivel. Más allá de un nuevo penal fallado, Leo mostraba su peor cara. El panorama era, por demás, sombrío.

Para colmo, a esa altura, ya perdía 1-0 tras un buen centro de Marwan Attia que encontró a Yasser Ibrahim para ganarle en el salto a Lisandro Martínez y dejar sin chances al Dibu Martínez. Lo de Egipto era claro: cortar en el medio y salir por las bandas vía el picante Hassan y el criterioso Ashour hasta su salida por lesión.

¿Se puede pasar de ser uno de los peores jugadores de la cancha a terminar siendo tan determinante en el resultado final? ¿Se puede explicar la remontada sin su enorme contribución? Messi es capaz de todo, por si a alguien le quedaban dudas. Tras esa mencionada pausa de hidratación del segundo tiempo, cuando Egipto de contra ya había estirado la ventaja, el 10 se fue de 7. Sí, como un retorno a sus orígenes en el Barcelona, cuando arrancaba desde la banda derecha y recortaba hacia adentro. Desde ahí nació la épica. Primero, a través de un centro preciso al corazón del área para el cabezazo goleador del Cuti Romero, central que a esa altura ya jugaba de 9. Segundo, por medio de otro centro pero esta vez con él ingresando al área para ir a buscar el rebote y meter ese zurdazo que venció la mano derecha de un excelente Shobeir. Así, con dos ráfagas suyas en cuatro minutos, Argentina revivía.

En el tramo final afloró la mística del campeón. No hubo esta vez una masterclass desde la pizarra sino desde el corazón. Correr más que el rival, sufrir atrás para festejar adelante. Esa fue la táctica. En esa última corrida, la del centro perfecto de Lautaro para el cabezazo también perfecto de Enzo se resume el espíritu de este equipo que lo empató y que no especuló con llegar al alargue. Al contrario, lo fue a buscar.

Acá, señores y señoras, todavía está el campeón.

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