La huella ambiental de la IA se triplicará en 2030: consumirá más electricidad que Pakistán, Bangladés y Nigeria juntos

Solo ChatGPT procesa 2500 millones de consultas diarias mientras 150 paÃses quedan excluidos de los beneficios
- ⚡ Proyección de consumo eléctrico: para 2030, los centros de datos de IA podrían necesitar 945 TWh al año; en 2025 ya consumían 448 TWh, casi el consumo total de un país grande.
- 💧 Huella hídrica y uso de suelo: la infraestructura de IA demandará agua comparable a las necesidades básicas de 1,3 mil millones de personas en África subsahariana y ocupará más de 14.500 km² de suelo, el doble de la superficie metropolitana de Yakarta.
- 📄 Fuente y tono: el informe "Coste ambiental del uso energético de la IA" del UNU-INWEH advierte sobre uso responsable y anticipación de efectos no deseados, no es un manifiesto contra la IA.
- 🧭 Desigualdad entre huellas: sustituir carbón por bioenergía reduce carbono en ~70% pero multiplica por treinta el agua y por cien el uso de suelo; una solución “baja en carbono” puede ser intensiva en agua y terreno.
- 🔋 Gasto energético: la inferencia (procesamiento continuo de preguntas) concentra entre el 80% y el 90% del consumo energético de la IA, mientras el entrenamiento es una fracción menor.
- 💬 ChatGPT y su consumo: maneja alrededor de 2.5 mil millones de consultas diarias (≈383 GWh/año); compensar esas emisiones requeriría plantar 2,6 millones de árboles durante una década y su huella hídrica equivaldría a lo que consumiría medio millón de personas en África subsahariana.
- 🗨️ Diferencias por tipo de interacción: una conversación típica gasta 200 veces más energía que una clasificación de texto; generar una imagen aumenta ese coste 1.450 veces; un video corto puede consumir tanta electricidad como filtrar 200.000 correos de spam.
- 🔄 Paradoja de Jevons: a mayor eficiencia y menor costo, mayor uso; el ahorro por consulta se ve eclipsado por el crecimiento del volumen total de uso.
- 🌍 Despliegue y desigualdad de capacidad: solo 32 países albergan centros de datos especializados en IA y el 90% de la capacidad está en dos naciones; más de 150 países no tienen acceso a una computación soberana de IA.
- ⚠️ Residuos y minería: la IA podría generar hasta 2,5 millones de toneladas de basura electrónica al año en 2030, gestionada principalmente en economías de bajos ingresos, mientras se extraen minerales críticos en jurisdicciones con poca supervisión.
- 🏛️ Gobernanza y bienestar: el reto es gobernar la IA para que impulse el bienestar humano de forma equitativa, no solo avanzar tecnológicamente.
- 🌱 Seis pilares para un ecosistema responsable: transparencia, eficiencia por diseño, equidad y justicia ambiental, responsabilidad en todo el ciclo de vida, cooperación global y uso sostenible.
- 🔧 Recomendaciones prácticas: hay una ventana estrecha para asegurar que la IA se desarrolle dentro de los límites del planeta; las comunidades que extraen minerales y las que alojan infraestructuras y residuos deben también beneficiarse de la IA.
- 💡 Conclusión: lograr que la IA contribuya al bienestar humano de forma equitativa exige gobernanza y prácticas sostenibles, no solo avances técnicos.
La inteligencia artificial tiene una factura ambiental que casi nadie está midiendo entera. De aquà a 2030, los centros de datos que la sostienen necesitarán 945 teravatios-hora (TWh) de electricidad al año, una cifra que casi triplica el consumo eléctrico anual sumado de Pakistán, Bangladés y Nigeria, tres paÃses que reúnen a más de 650 millones de habitantes.
No es solo cuestión de energÃa. Esa misma infraestructura demandará un volumen de agua comparable a las necesidades básicas de los 1.300 millones de personas que viven en el Ãfrica subsahariana, y ocupará más de 14.500 kilómetros cuadrados de suelo, el doble de la superficie del área metropolitana de Yakarta.
Las cifras proceden del informe "Coste ambiental del uso energético de la IA: huellas de carbono, agua y suelo", difundido este miércoles por el Instituto de la Universidad de la ONU para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH).
"Este informe no es un manifiesto en contra de la inteligencia artificial", matiza Kaveh Madani, director de UNU-INWEH y responsable de la investigación. Su mensaje, dice, es otro: utilizarla de forma responsable y anticiparse a sus efectos no deseados para que sea sostenible y justa.
El núcleo del problema es que las tres huellas no avanzan en paralelo, y a veces tiran en direcciones opuestas. Sustituir el carbón por bioenergÃa recorta la huella de carbono cerca de 70%, pero a cambio multiplica por treinta el consumo de agua y por cien el uso de suelo. La conclusión es incómoda para quien busca atajos: una solución "baja en carbono" puede ser, al mismo tiempo, intensiva en agua y voraz en territorio.
El punto de partida ya es alto. Durante 2025, los centros de datos del mundo consumieron 448 TWh. Si fueran un paÃs, ocuparÃan el undécimo puesto del ranking mundial de consumo eléctrico, justo detrás de Francia y por delante de Arabia SaudÃ.
Buena parte de la conversación pública se ha concentrado en lo que cuesta entrenar un modelo: GPT-3 requirió 1,3 gigavatios-hora (GWh) y GPT-4 entre 50 y 70. El informe sostiene que ese enfoque ya quedó obsoleto. Una vez que un modelo está en marcha, es la inferencia âel procesamiento continuo de las preguntas de los usuariosâ la que se lleva entre el 80% y el 90% de toda la energÃa que gasta la IA.
Solo ChatGPT gestiona alrededor de 2.500 millones de consultas diarias, equivalentes a unos 383 GWh al año. Compensar esas emisiones exigirÃa plantar 2,6 millones de árboles y dejarlos crecer una década, una masa forestal del tamaño de Manhattan. Y su huella hÃdrica iguala el agua que necesitarÃan durante un año medio millón de personas en el Ãfrica subsahariana.
No todas las peticiones pesan lo mismo, y la diferencia es enorme. Una conversación corriente con un chatbot gasta 200 veces más energÃa que una simple clasificación de texto. Generar una sola imagen dispara ese coste 1.450 veces. Y producir un vÃdeo breve con IA puede consumir tanta electricidad como filtrar 200.000 correos de spam.
Aquà aparece la trampa que el informe rescata de la economÃa clásica: la paradoja de Jevons o efecto rebote. Cuando los modelos se vuelven más eficientes, también se abaratan, y al abaratarse se usan mucho más. El ahorro por consulta queda sepultado bajo un crecimiento explosivo del volumen total.
"La gente piensa que la huella ambiental de la IA disminuye a medida que mejora la tecnologÃa", explica Madani. "Pero una IA más eficiente y barata se traduce en más uso de IA, y eso hace que la huella total sea muy superior a lo que ahorramos por cada mejora".
El despliegue acelerado de la IA está generando tensiones muy concretas y muy desiguales sobre el terreno:
A ese mapa de presiones locales se suma un problema de residuos: la infraestructura de IA podrÃa generar hasta 2,5 millones de toneladas de basura electrónica al año en 2030, gestionada en su mayorÃa en economÃas de bajos ingresos con escasas garantÃas ambientales, mientras los minerales crÃticos se extraen en jurisdicciones con poca supervisión.
La capacidad de cómputo está extraordinariamente concentrada. Solo 32 paÃses albergan centros de datos especializados en IA, y el 90% de esa capacidad se reparte entre apenas dos naciones. Más de 150 paÃses carecen hoy de acceso a una computación soberana de IA.
El informe lo lee como algo más que una desigualdad económica. Los paÃses que quedan fuera cargan con la extracción de minerales y los residuos electrónicos, mientras los réditos estratégicos se acumulan en otra parte. "El sistema global que está construyendo la inteligencia artificial también debe gobernarla de forma sostenible y justa", sostiene Tshilidzi Marwala, rector de la Universidad de la ONU, quien resume el desafÃo asÃ: lograr que la IA impulse el bienestar humano de manera equitativa ya es, sobre todo, un problema de gobernanza, no técnico.
El documento propone construir un ecosistema de IA responsable sobre seis pilares: transparencia, eficiencia por diseño, equidad y justicia ambiental, responsabilidad sobre todo el ciclo de vida, cooperación global y uso sostenible. Entre sus recomendaciones prácticas destacan:
"Tenemos una ventana estrecha para asegurar que la columna vertebral de la revolución tecnológica de nuestra época se desarrolle dentro de los lÃmites del planeta", concluye Madani. Su deseo final es que las comunidades que aportan los minerales y las que acogen las infraestructuras y los residuos figuren también entre las que se benefician de la IA.

